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-Estaba pensando -dijo Montag- en qué es pensando el Sabueso Mecánico ahí
abajo, toda la che. ¿Está vivo de veras? Me produce escalofríos.
-Él no piensa nada que no deseemos que piense.
-Es una pena -dijo Montag con voz queda-, porque lo único que ponemos en su
cerebro es cacería, búsqueda y matanza. ¡Qué vergüenza que solamente haya de
conocer eso!
Beatty resopló amablemente.
-¡Diablos! Es una magnífica pieza de artesanía,'J proyectil que busca su propio
objetivo y garantiza blanco cada vez.
-Por eso no quisiera ser su próxima víctima plicó Montag-.
-¿Por qué? ¿Te remuerde la conciencia acercOC algo?
Montag levantó la mirada con rapidez.
Beatty permanecía allí, mirándole fijamente a ojos, en tanto que su boca se abría y
empezaba a con suavidad.
-Mañana haremos que nuestros técnicos verifiquen el Sabueso.
-No es la primera vez que me ha amenazado -dijo Montag-. El mes pasado ocurrió
dos veces.
-Arreglaremos esto, no te preocupes.
Pero Montag no se movió y siguió pensando en reja del ventilador del vestíbulo de
su casa, y en lo que había oculto detrás de la misma. Si alguien del cuartel de
bomberos estuviese enterado de lo del ventilador; ¿no podría ser que se lo
«contara» al Sabueso...?
El capitán se acercó al agujero de la sala y lanzó una inquisitiva mirada a Montag.
-Estaba pensando -dijo Montag- en qué está pensando el Sabueso Mecánico ahí
abajo, toda la noche. ¿Está vivo de veras? Me produce escalofríos.
-Él no piensa nada que no deseemos que piense.
-Es una pena -dijo Montag con voz queda-, porque lo único que ponemos en su
cerebro es cacería, búsqueda y matanza. ¡Qué vergüenza que solamente haya de
conocer eso!