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Una radio susurraba en algún sitio: ... “la guerra puede ser declarada en cualquier
momento. El país está listo para defender sus...”
El cuartel se estremeció cuando una numerosa escuadrilla de reactores lanzó su
nota aguda en el oscuro cielo matutino
Montag parpadeó. Beatty le miraba como si fuese una estatua en un museo. En
cualquier momento, Beatty podía levantarse y acercársele, tocar, explorar su
culpabilidad. ¿Culpabilidad? ¿Qué culpabilidad era aquélla?
-Tú juegas, Montag.
Miró a aquellos hombres, cuyos rostros estaban tostados por un millar de
incendios auténticos y otros millones de imaginarios, cuyo trabajo les enrojecía
mejillas y ponía una mirada febril en sus ojos. Aquellos hombres que
contemplaban con fijeza las llamas de encendedores de platino cuando encendían
sus boquillas que ardían eternamente. Ellos y su cabello cubierto de carbón, sus
cejas sucias de hollín y sus mejillas manchadas de ceniza cuando estaban recién
afeitados; pero parecía su herencia. Montag dio un respingo y abrió la boca.
¿Había visto, alguna vez, a un bombero que no tuviese el cabello negro, las cejas
negras, un rostro fiero y un aspecto hirsuto, incluso recién afeitado? ¡Aquellos
hombres eran reflejos de sí mismo! Así, pues ¿se escogía a los bomberos tanto
por su aspecto como por sus inclinaciones? El color de las brasas y la ceniza en
ellos, y el ininterrumpido olor a quemado de sus pipas. Delante de él, el capitán
Beatty lanzaba nubes de humo de tabaco. Beatty abría un nuevo paquete de
picadura, produciendo al arrugar el celofán ruido de crepitar de llamas.
Montag examinó los naipes que tenía en manos.
-Es ... estaba, pensando sobre el fuego de la semana pasada. Sobre el hombre
cuya biblioteca liquidamos. ¿Qué le sucedió?
-Se lo llevaron, chillando, al manicomio.
-Pero no estaba loco.
Beatty arregló sus naipes en silencio.
-Cualquier hombre que crea que puede engañar al Gobierno y a nosotros está
loco.
-Trataba de imaginar -dijo Montag- qué sensación producía ver que los bomberos
quemaban nuestras casas y nuestros libros.
-Nosotros no tenemos libros.