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-«Pórtate como un hombre, joven Ridley. Por la gracia de Dios, encenderemos hoy
en Inglaterra tal hoguera que confío en que nunca se apagará.»
-¡Basta de eso! -dijo Beatty-. ¿Dónde están.
Abofeteó a la mujer con sorprendente impasibilidad, y repitió la pregunta. La
mirada de la vieja se fijó en Beatty.
-Usted ya sabe dónde están, o, de lo contrario, no habría venido -dijo-.
Stoneman alargó la tarjeta de alarma telefónica, con la denuncia firmada por
duplicado, en el dorso:
“Tengo motivos para sospechar del ático. Elm, número 11 ciudad.
E. B”.
-Debe de ser Mrs. Blake, mi vecina -dijo la mujer, leyendo las iniciales-.
-¡Bueno, muchachos, a por ellos!
Al instante, iniciaron el ascenso en la oscuridad, golpeando con sus hachuelas
plateadas puertas que, sin embargo, no estaban cerradas, tropezando los unos
con los otros, como chiquillos, gritando y alborotando.
¡Eh!
Una catarata de libros cayó sobre Montag mientras éste ascendía vacilantemente
la empinada escalera. ¡Qué inconveniencia! Antes, siempre había sido tan sencillo
como apagar una vela. La Policía llegaba primero, amordazaba y ataba a la
víctima y se la llevaba en sus resplandecientes vehículos, de modo que cuando
llegaban los bomberos encontraban la casa vacía. No se dañaba a nadie,
únicamente a objetos. Y puesto que los objetos no podían sufrir, puesto que los
objetos no sentían nada ni chillaban o gemían, como aquella mujer podía empezar
a hacerlo en cualquier momento, no había razón para sentirse, después, una
conciencia culpable. Era tan sólo una operación de limpieza. Cada cosa en su
sitio. ¡Rápido con el petróleo! ¿Quién tiene una cerilla?
Pero aquella noche, alguien se había equivocado. Aquella mujer estropeaba el
ritual. Los hombres armaban demasiado ruido, riendo, bromeando, para disimular
el terrible silencio acusador de la mujer. Ella hacía que las habitaciones vacías
clamaran acusadoras y desprendieran un fino polvillo de culpabilidad que era
sorbido por ellos al moverse por la casa. Montag sintió una irritación tremenda.
¡Por encima de todo, ella no debería estar allí!