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-La vida se convierte en una gran carrera, Montag. Todo se hace aprisa, de
cualquier modo.
-De cualquier modo -repitió Mildred, tirando de la almohada-.
-¡Por amor de Dios déjame tranquilo! -gritó Montag, apasionadamente ,
A Beatty se le dilataron los ojos.
La mano de Mildred se había inmovilizado detrás de la almohada. Sus dedos
seguían la silueta del libro y a medida que la forma le iba siendo familiar, su rostro
apareció sorprendido Y, después, atónito. Su boca se abrió para hacer una
pregunta...
-Vaciar los teatros excepto para que actúen payasos, e instalar en las habitaciones
paredes de vidrio de bonitos colores que suben y bajan, como confeti, sangre,
jerez o sauterne. Te gusta la pelota base, ¿verdad, Montag?
-La pelota base es un juego estupendo.
Ahora Beatty era casi invisible, sólo una voz en algún punto, detrás de una cortina
de humo.
-¿Qué es esto? -preguntó Mildred, casi con ale gría. Montag se echó hacia atrás y
cayó sobre los brazos de ella-. ¿Qué hay aquí?
- ¡Siéntate! -gritó Montag. Ella se apartó de un salto, con las manos vacías-.
¡Estamos hablando!
Beatty prosiguió como si nada hubiese ocurrido.
-Te gustan los bolos, ¿verdad, Montag?
-Los bolos, sí.
-¿Y el golf?
-El golf es un juego magnífico.
-¿Baloncesto?
-Un juego magnífico.
-¿Billar? ¿Fútbol?
-Todos son excelentes.