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-Más deportes para todos, espíritu de grupo, diversión, y no hay necesidad de
pensar, ¿eh? Organiza y superorganiza superdeporte. Más chistes en los libros.
Más ilustraciones. La mente absorbe menos Y menos. Impaciencia. Autopistas
llenas de multitudes que van a algún sitio, a algún sitio, a algún sitio, a ningún sitio.
El refugio de la gasolina. Las ciudades se convierten en moteles, la gente siente
impulsos nómadas y va de un sitio para otro, siguiendo las mareas, viviendo una
noche en la habitación donde otro ha dormido durante el día y el de más allá la
noche anterior.
Mildred salió de la habitación y cerró de un portazo. Las «tías» de la sala de estar
empezaron a reírse de los «tíos» de la sala de estar.
-Ahora, consideremos las minorías en nuestra civilización. Cuanto mayor es la
población, más minorías hay. No hay que meterse con los aficionados a los
perros, a los gatos, con los médicos, abogados, comerciantes, cocineros,
mormones, bautistas, unitarios, chinos de segunda generación, suecos, italianos,
alemanes, tejanos, irlandeses, gente de Oregón o de México. En este libro, en
esta obra, en este seria¡ de televisión la gente no quiere representar a ningún
pintor, cartógrafo o mecánico que exista en la realidad. Cuanto mayor es el
mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia, recuerda esto.
Todas las minorías menores con sus ombligos que hay que mantener limpios. Los
autores, llenos de malignos pensamientos, aporrean máquinas de escribir. Eso
hicieron. Las revistas se convirtieron en una masa insulsa y amorfa. Los libros,
según dijeron los críticos esnobs, eran como agua sucia. No es extraño que los
libros dejaran de venderse, decían los críticos. Pero el público, que sabía lo que
quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas
eróticas tridimensionales, claro está. Ahí tienes, Montag. No era una imposición
del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La
tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el
fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz
continuamente, se le permite leer historietas ilustradas o periódicos profesionales.
-Sí, pero, ¿qué me dice de los bomberos?
-Ah. -Beatty se inclinó hacia delante entre la débil neblina producida por su pipa.-
¿Qué es más fácil de explicar y más lógico? Como las universidades producían
más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de
profesores, críticos, sabios, y creadores, la palabra «intelectual», claro está, se
convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme lo desconocido. Sin duda,
te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente «inteligente»,
que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los
demás permanecían como muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese
muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las
horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos
nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales.
Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces todo son felices, porque no
pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es