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un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma
Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre
que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por último,
las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero (la
otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de bomberos
para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra
tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser
inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú, Montag. Y eso soy
yo.
La puerta que comunicaba con la sala de estar se abrió y Mildred asomó, miró a
los dos hombres y se fijó en Beatty y, después, en Montag. A su espalda, las
paredes de la pieza estaban inundadas de resplandores verdes, amarillos y
anaranjados que oscilaban y estallaban al ritmo de una música casi
exclusivamente compuesta por baterías, tambores y címbalos. Su boca se movía y
estaba diciendo algo, pero el sonido no permitía oírla.
Beatty vació su pipa en la palma de su mano sonrosada, examinó la ceniza como
si fuese un símbolo que había que examinar en busca de algún significado.
-Has de comprender que nuestra civilización es tan vasta que no podemos permitir
que nuestras minorías se alteren o exciten. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué
queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es
así? ¿No lo has estado oyendo toda tu vida? «Quiero ser feliz», dice la gente.
Bueno, ¿no lo son? ¿No les mantenemos en acción, no les proporcionamos
diversiones? Eso es para lo único que vivimos, ¿no? ¿Para el placer y las
emociones? Y tendrás que admitir que nuestra civilización se lo facilita en
abundancia.
-Sí.
Montag pudo leer en los labios de Mildred lo que ésta decía desde el umbral. Trató
de no mirar a ella, porque, entonces, Beatty podía volverse y leer también lo que
decía.
-A la gente de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca
se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. Escribe un libro sobre
el tabaco y el cáncer de pulmón ¿Los fabricantes de cigarrillos se lamentan? A
quemar el libro. Serenidad, Montag. Líbrate de tus tensiones internas. Mejor aún,
lánzalas al incinerador, ¿Los funerales son tristes y paganos? Eliminémoslos
también, Cinco minutos después de la muerte de una persona en camino hacia la
Gran Chimenea, los incineradores son abastecidos por helicópteros en todo el
país. Diez minutos después de la muerte, un hombre es una nube de polvo negro.
No sutilicemos con recuerdos acerca de los individuos. Olvidémoslos.
Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio.