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el presentador se dirigía a su auditorio anónimo dejando un breve silencio para
que pudieran encajar, las sílabas adecuadas. Un mezclador especial conseguía,
también, que la imagen televisada del presentador en el área inmediata a sus
labios, articulara, magníficamente, las vocales y consonantes.
Era un amigo, no cabía la menor duda de ello, un buen amigo.
-Mrs. Montag, ahora mire hacia aquí.
Mildred volvió la cabeza. Aunque era obvio que no estaba escuchando.
-Sólo hay un paso entre no ir a trabajar hoy, no ir a trabajar mañana y no volver a
trabajar nunca en el cuartel de bomberos -dijo Montag-.
-Pero esta noche irás al trabajo, ¿verdad? preguntó Mildred-.
-Aún no estoy decidido. En este momento tengo la horrible sensación de que
deseo destrozar todas las cosas que están a mi alcance.
-Date un paseo con el auto.
-No, gracias.
-Las llaves están en la mesilla de noche. Cuando me siento de esta manera,
siempre me gusta conducir aprisa. Pones el coche a ciento cincuenta por hora y
experimentas una sensación maravillosa. A veces conduzco toda la noche,
regreso al amanecer y tú ni te has enterado. Es divertido salir al campo. Se
aplastan conejos. A veces, perros. Ve a coger el auto.
-No, ahora no me apetece. Quiero estudiar esta sensación tan curiosa. ¡Caramba!
¡Me ha dado muy fuerte! No sé lo que es. ¡Me siento tan condenadamente infeliz,
tan furioso! E ignoro por qué tengo la impresión de que estuviera ganando peso.
Me siento gordo. Como si hubiese estado ahorrando una serie de cosas, y ahora
no supiese cuáles. Incluso sería capaz de leer.
-Te meterían en la cárcel, ¿verdad?
Ella le miró como si Montag estuviese detrás de la pared de cristal.
Montag empezó a ponerse la ropa; se movía intranquilo por el dormitorio.
-Si, y quizá fuese una buena idea. Antes de que cause daño a alguien. ¿Has oído
a Beatty? ¿Le has escuchado? Él sabe todas las respuestas. Tienes razón. Lo
importante es la felicidad. La diversión lo es todo. Y sin embargo, sigo aquí
sentado, diciéndome que no soy feliz, que no soy feliz.
-Yo sí lo soy. -Los labios de Mildred sonriero Y me enorgullezco de ello.