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¡«Denham» lo consigue!
«Considera los lirios, los lirios, los lirios ... »,
«Detergente Dental Denham.»
-¡Calla, calla, calla!
Era una súplica, un grito tan terrible que Montag se encontró de pie, mientras los
sorprendidos pasajeros del vagón le miraban, apartándose de aquel hombre que
tenia expresión de demente, la boca contraída y reseca, el libro abierto en su
puño. La gente que, un momento antes, había estado sentada, llevando con los
pies el ritmo de «Dentífrico Denham», «Duradero Detergente Dental Denham»,
«Dentífrico Denham», Dentífrico, Dentífrico, uno, dos, uno, dos, uno dos tres, uno
dos, uno dos tres. La gente cuyas bocas habían articulado apenas las palabras
Dentífrico, Dentífrico, Dentífrico. La radio del «Metro» vomitó sobre Montag, como
una represalia , una carga completa de música compuesta de hojalata, cobre,
plata, cromo y latón. La gente era for da a la sumisión; no huía, no había sitio
donde huir; el gran convoy neumático se hundió en la tierra dentro de su tubo.
-Lirios del campo.
«Denham. »
«¡He dicho lirios!»
La gente miraba.
-Llamen al guardián.
-Este hombre está ido...
«¡Knoll Wiew!»
El tren produjo un siseo al detenerse.
«¡Knoll Wiew!» Un grito.
«Denham.» Un susurro.
Los labios de Montag apenas se movían.
-Lirios...
La puerta del vagón se abrió produciendo un silbido. Montag permaneció inmóvil.
La puerta empezó a cerrarse. Entonces, Montag pasó de un salto junto a los
pasajeros, chillando interiormente y se zambulló, en último momento, por la rendija