-Lo que pides es sencillo -dijo él finalmente. Continuaba dominándose; la
disciplina había vencido. -Haz que, cuando tocas al otro, los cinco sentidos ya
estén funcionando. Porque el sexo tiene vida propia. A partir del momento en
que comienza, ya no lo puedes controlar, es él el que pasa a controlarte. Ylo
que tú cargaste sobre él, tus miedos, tus deseos, tu sensibilidad, permanecerá
todo el tiempo. Por eso las personas se vuelven impotentes. En el sexo, lleva a
la cama sólo el amor y los cinco sentidos ya funcionando. Sólo así
experimentarás la comunión con Dios.
Brida contempló los cartuchos diseminados por el suelo. No demostró nada
de lo que estaba sintiendo. Finalmente, ya sabía el truco. Y -se dijo a sí misma
era lo único que le interesaba.
-Esto es todo lo que puedo enseñarte.
Ella continuaba inmóvil. Los caballos salvajes estaban siendo domados por el
silencio.
-Respira siete veces tranquilamente, haz que tus cinco sentidos estén
funcionando antes del contacto físico. Da tiempo al tiempo.
Era un Maestro de la Tradición del Sol. Había superado una nueva prueba. Su
Otra Parte estaba también haciendo que él aprendiese muchas cosas.
-Ya te he mostrado la vista desde aquí arriba. Podemos bajar.
Se quedó mirando distraída a los niños que jugaban en la plaza. Alguien le
había dicho una vez que toda ciudad tiene siempre un "lugar mágico", un lugar
a donde acostumbramos a ir cuando necesitamos pensar seriamente sobre la
vida. Aquella plaza era su "lugar mágico", en Dublín. Cerca de allí, había
alquilado su primer departamento cuando llegó a la ciudad grande, llena de
sueños y expectativas. En aquella época, su proyecto de vida era matricularse
en el Trinity College y llegar a ser catedrática en Literatura. Permanecía mucho
tiempo sentada en aquel banco, donde estaba ahora, escribiendo poemas e
intentando comportarse como sus ídolos literarios se comportaban.
Pero el dinero que su padre remitía era escaso y tuvo que trabajar en la firma
de exportaciones. No lo lamentaba; estaba contenta con lo que hacía y, en este
momento, el empleo era una de las cosas más importantes de su vida, porque
era lo que daba sentido de realidad a todo y hacía que no enloqueciese. Le per-
mitía un equilibrio precario entre el mundo visible y lo invisible.
Los niños jugaban. Todas aquellas criaturas -como también ella hiciera un día-
escucharon historias de hadas y brujas, donde las hechiceras se visten de negro
y ofrecen manzanas envenenadas a pobres niñas perdidas en el bosque.
Ninguno de aquellos niños podía imaginar que allí, observando sus juegos,
estaba una hechicera de verdad.
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