Paulo Coelho
El Peregrino
14
Caminamos en silencio durante un cierto tiempo, Mme.
Lawrence tenía toda la razón: a casi tres kilómetros de distan-
cia aún podía oírse la bandita que tocaba sin parar. Quería
hacer muchas preguntas a Petrus —sobre su vida, su trabajo y
lo que lo había traído hasta este lugar—, sin embargo, sabía
que aún teníamos setecientos kilómetros por recorrer juntos y
llegaría el momento exacto en que todas mis preguntas tendrí-
an respuesta. Pero no dejaba de pensar en el gitano y terminé
rompiendo el silencio.
—Petrus, creo que el gitano era el demonio.
—Sí, era el demonio —y cuando lo confirmó, sentí una
mezcla de terror y de alivio—. Pero no es el demonio que cono-
ciste en la Tradición.
En la Tradición, el demonio es un espíritu que no es bueno
ni malo; se le considera guardián de la mayor parte de los se-
cretos accesibles al hombre y poseedor de fuerza y poder sobre
las cosas materiales. Por ser el ángel caído, se identifica con la
raza humana y está siempre dispuesto a celebrar pactos y a in-
tercambiar favores. Pregunté cuál era la diferencia entre el gi-
tano y los demonios de la Tradición.
—Vamos a encontramos otros por el camino. Los descubri-
rás por ti mismo, pero, para tener una idea, procura acordarte
de toda la conversación con el gitano.
Recordé las dos únicas frases que había intercambiado con
él. Dijo que estaba esperándome y afirmó que buscaría la es-
pada para mí.
Entonces, Petrus dijo que eran dos frases que perfectamen-
te podrían salir de la boca de un ladrón sorprendido en pleno
robo de una mochila: para ganar tiempo y conseguir favores,
mientras rápidamente traza una ruta de fuga. Al mismo tiempo,
las dos frases podían tener un sentido más profundo; es decir,
que las palabras significaran exactamente lo que pretendía de-
cir.
—Cuál de las dos es correcta?
—Ambas son correctas. Aquel pobre ladrón, mientras se
defendía, captó en el aire las palabras que era necesario decir-
te. Creyó estar siendo inteligente y no era más que instrumento
de una fuerza superior. Si hubiese corrido cuando llegué, esta
conversación sería innecesaria. Pero me encaró y leí en sus
ojos el nombre de un demonio que te encontrarás en el camino.