Paulo Coelho
El Peregrino
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te que todo eso: el deseo de encontrar tu espada, y decidiste
correr el riesgo.
Respondí que sí, pero que aún continuaba con las mismas
preocupaciones a las que se había referido.
—No tiene importancia. Poco a poco, el ejercicio irá liberán-
dote de las cargas que tú mismo creaste en tu vida.
Y Petrus me enseñ la Primera práctica de RAM: El Ejercicio
de la Semilla.
(El Ejercicio de la Semilla
Arrodíllese en el suelo. Después, siéntese sobre sus talones
e incline el cuerpo, de modo que su cabeza toque las rodillas.
Estire los brazos hacia atrás.
Está en una posición fetal. Ahora relájese y olvide todas las
tensiones. Respire tranquila y profundamente.
Poco a poco irá sintiendo que es una minúscula semilla, cir-
cundada por la comodidad de la tierra. Todo es cálido y placen-
tero a su alrededor. Duerme un sueño tranquilo.
De repente, un dedo se mueve. El brote ya no quiere ser
semilla, quiere nacer. Lentamente comienza a mover los brazos
y luego su cuerpo irá irguiéndose, Irguiéndose hasta estar sen-
tado sobre sus talones. Ahora comienza a levantarse, y lenta-
mente, lentamente, se habrá incorporado y estará arrodillado
en el suelo.
Durante todo ese tiempo imaginó que era una semilla
transformándose en brote y horadando poco a poco la tierra.
Llegó el momento de romper la tierra por completo. Va le-
vantándose lentamente, colocando un pie en el suelo, después
el otro, luchando por no perder el equilibrio como un brote lu-
cha por encontrar su espacio, hasta que logra ponerse de pie.
Imagina el campo en torno suyo, el sol, el agua, el viento y
los pájaros. Es un brote que comienza a crecer. Despacio levan-
ta los brazos, con dirección al cielo. Luego, va estirándose cada
vez más, cada vez más, como si quisiera agarrar el sol inmenso
que brilla sobre usted y le da fuerzas y lo atrae.
Su cuerpo comienza a volverse cada vez más rígido, todos
sus músculos se tensan mientras siente que crece, crece, crece
y se vuelve inmenso. La tensión aumenta cada vez más hasta