Paulo Coelho
El Peregrino
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lles de su vida personal; descubrí que era italiano y que se de-
dicaba al diseño industrial. Pregunté si no estaba preocupado
por tantas cosas a las que debió renunciar para servir de guía a
un peregrino en busca de su espada.
—Quiero explicarte algo: No te estoy guiando hacia tu es-
pada. Sólo a ti te corresponde encontrarla. Estoy aquí para
conducirte por el Camino de Santiago y enseñarte las Prácticas
del RAM. Es tu problema saber cómo aplicarás esto en la bús-
queda de tu espada.
—No respondiste a mi pregunta.
—Cuando uno viaja experimenta de una manera muy prác-
tica el acto de Renacer. Nos enfrentamos a situaciones comple-
tamente nuevas, el día transcurre más despacio y la mayoría
de las veces no comprendemos la lengua que las personas es-
tán hablando. Exactamente como una criatura recién salida del
vientre materno. Por ello, uno comienza a darle mucha más
importancia a las cosas que lo rodean, porque de ellas depende
la propia supervivencia. Uno se vuelve más accesible a la gen-
te, porque podrán ayudamos en situaciones difíciles, y recibe
con gran alegría cualquier pequeño favor de los dioses, como si
fuese un episodio para recordar el resto de la vida.
"Al mismo tiempo, como para nosotros todas las cosas son
una novedad, uno vislumbra sólo su belleza y se siente más fe-
liz de estar vivo. Por eso la peregrinación religiosa siempre fue
una de las maneras más directas de poder llegar a la ilumina-
ción. La palabra pecado viene de “pecus”, que significa "pie de-
fectuoso", pie incapaz de recorrer un camino. La forma de co-
rregir el pecado es andando siempre hacia delante, adaptándo-
se a las situaciones nuevas y recibiendo a cambio los miles de
bendiciones que la vida generosamente da a quienes las solici-
tan.
—Crees que podría estar preocupado por media docena de
proyectos que dejé de realizar para estar aquí, contigo?
Petrus miró alrededor y mis ojos acompañaron su mirada.
En lo alto de una montaña pastaban algunas cabras. Una de
ellas, la más audaz, estaba sobre una pequeña saliente de una
roca altísima y yo no entendía cómo había llegado hasta allá y
cómo podría regresar; pero, mientras pensaba esto, la cabra
saltó y, pisando en puntos para mí invisibles, volvió junto a sus
compañeras. Todo en derredor reflejaba una paz nerviosa, la
paz de un mundo al que aún le faltaba mucho por crecer y