Paulo Coelho
El Peregrino
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—Mantén tus ojos fijos en ese punto y procura concentrarte
sólo en lo que voy a decirte. Aunque sientas cualquier otra cosa
distinta, no te distraigas. Haz lo que digo.
Permanecí de pie, relajado, con los ojos fijos en la torre,
mientras Petrus se colocaba tras de mí y presionaba la base de
mi nuca con un dedo.
—El camino que estás haciendo es el camino del Poder, y
sólo se te enseñarán los ejercicios de Poder. El viaje, que antes
era una tortura porque tú sólo querías llegar, ahora comienza a
transformarse en placer, el placer de la búsqueda y la aventu-
ra. Con esto estás alimentando algo muy importante: tus sue-
ños.
"El hombre no puede nunca dejar de soñar. El sueño es el
alimento del alma, como la comida es el alimento del cuerpo.
Muchas veces, en nuestra existencia, vemos rotos nuestros
sueños y frustrados nuestros deseos, pero es preciso continuar
soñando, si no nuestra alma muere y Ágape no penetra en ella.
Ya se derramó mucha sangre en el campo que está frente a tus
ojos, y allí se entablaron algunas de las más crueles batallas de
la Reconquista. Quién tenía la razón o la verdad es algo que no
tiene importancia: lo importante es saber que ambos bandos
estaban librando el Buen Combate.
"El Buen Combate es aquel que se emprende porque nues-
tro corazón lo pide. En las épocas heroínas, en tiempos de la
caballería andante, esto era fácil, pues había mucha tierra; bas-
tante por hacer. Sin embargo en la actualidad el mundo ha
cambiado mucho y el Buen Combate fue trasladado de los
campos de batalla a nuestro interior.
"El Buen Combate es el que libramos en nombre de nues-
tros sueños. Cuando estallan en nosotros con todo su vigor —
durante la juventud— tenemos mucho valor, pero aún no
hemos aprendido a luchar. Después de mucho esforzarnos,
terminamos aprendiendo a luchar y entonces ya no tenemos el
mismo valor para combatir. Por eso nos volvemos contra noso-
tros y nos combatimos a nosotros mismos, y nos transforma-
mos en nuestro peor enemigo. Decimos que nuestros sueños
eran infantiles, difíciles de realizar o, simplemente, fruto de
nuestro desconocimiento de la realidad de la vida. Matamos
nuestros sueños porque tenemos miedo de librar el Buen Com-
bate.