Paulo Coelho
El Peregrino
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Petrus pidió al dueño del hotel que encendiera el televisor,
pero que lo dejara sin sonido. Dijo que era la mejor manera de
que yo escuchara todo sin hacer muchas preguntas, porque una
parte de mí estaría mirando lo que aparecía en la pantalla. Pre-
guntó hasta dónde me acordaba de lo ocurrido, le respondí que
recordaba todo, menos la parte en que caminamos hacia la
fuente.
—Eso no tiene la menor importancia —respondió él. En el
televisor comenzaron a pasar un filme sobre algo relacionado
con minas de carbón. La gente usaba ropa de principios de si-
glo.
—Ayer, cuando presentí la urgencia de tu Mensajero, sabía
que estaba por iniciarse un combate en el Camino de Santiago.
Estás aquí para encontrar tu espada y aprender las Prácti-
cas de RAM, pero siempre que un guía conduce a un peregrino
existe por lo menos una circunstancia que escapa al control de
ambos y que constituye una especie de prueba práctica de lo
que se esté enseñando, En tu caso, fue el encuentro con el pe-
rro.
"Los detalles de la lucha y por qué tantos demonios en un
animal te lo explicaré más adelante. Lo importante ahora es
que entiendas que aquella mujer ya estaba acostumbrada a la
maldición. La había aceptado como si fuera una cosa normal y
la mezquindad del mundo le parecía buena. Aprendió a satisfa-
cerse con muy poco; cuando la vida es generosa siempre
quiere darnos mucho.—
Concordé con él, pero no era eso lo que me interesaba sa-
ber. Habían sucedido dos cosas que no lograba explicar: la len-
gua diferente en que hablé y la sensación de alegría y amor,
después de haber expulsado al perro.
"Cuando expulsaste los demonios de aquella pobre mujer,
también desequilibraste su universo. Otro día conversamos
sobre las crueldades que las personas son capaces de cometer
consigo mismas; con frecuencia, cuando intentamos mostrar el
bien, que la vida es generosa, ellas rechazan la idea como si
fuese cosa del demonio. A nadie le gusta pedir mucho a la vida,
porque tiene miedo de la derrota, pero quien desea librar el
Buen Combate debe mirar el mundo como si fuera un tesoro
inmenso que está allí esperando ser descubierto y conquistado.
Petrus me preguntó si sabía qué estaba haciendo allí, en el
Camino de Santiago.