Paulo Coelho
El Peregrino
65
sacrificó una carrera y una vida brillante por acompañar al ma-
rido. Y entonces, en lugar de la creación conjunta, cada uno se
sentirá lastimado en su amor. Eros, el espíritu que los une, co-
menzará a mostrar sólo su lado malo, y aquello que Dios había
destinado al hombre como su más noble sentimiento, pasará a
ser fuente de odio y destrucción.
Miré en derredor. Eros estaba presente en varias parejas. El
Ejercicio del Agua había despertado el lenguaje de mi corazón y
estaba viendo a las personas de una manera diferente. Tal vez
fueran los días de soledad en campo abierto, tal vez las Prácti-
cas de RAM pero el caso es que sentía la presencia del Eros
Bueno y el Eros Malo, tal como Petrus la había descrito.
—Fíjate qué curioso —dijo Petrus, al notar lo mismo que
yo—. A pesar de ser bueno o malo, el rostro de Eros nunca es
el mismo en cada persona. Exactamente como las estrellas so-
bre las que te hablaba hace media hora, y nadie puede escapar
de Eros.
Todos necesitan su presencia —aunque muchas veces Eros
haga que nos sintamos lejos del mundo, encerrados en nuestra
soledad.
La banda comenzó a tocar un vals. La gente se dirigió a
una pequeña plancha de cemento frente al templete y comenzó
a bailar. El alcohol surtía efecto y todos estaban más sudados y
más alegres. Miré a una joven vestida de azul, que debe haber
esperado esta boda sólo para que llegara el momento del vals
—porque quería bailar con alguien con quien soñaba estar
abrazada desde que entró a la adolescencia—. Sus ojos seguían
los movimientos de un muchacho bien vestido, de traje claro,
que estaba con un grupo de amigos. Todos conversaban ale-
gremente y no habían notado que el vals comenzó, y que a al-
gunos metros de distancia una joven de azul miraba insisten-
temente a uno de ellos.
Pensé en las ciudades pequeñas, en los casamientos soña-
dos desde la infancia con el muchacho que se ha elegido.
La muchacha de azul advirtió mi mirada y se alejó de la
pista. Entonces tocó el turno al muchacho, quien la buscó con
la mirada. Cuando la descubrió cerca de otras jóvenes, volvió a
conversar animadamente con los amigos.
Llamé la atención de Petrus sobre los muchachos. Él siguió
durante algún tiempo el juego de miradas y después volvió a su
vaso de vino.