Paulo Coelho
El Peregrino
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que miraba en derredor y no podía ver ni montañas ni casca-
das.
Al cruzar una pequeña elevación me encontré entonces con
una extravagante obra de la naturaleza: en una depresión del
terreno donde cabría un edificio de cinco pisos, una cortina de
agua se precipitaba con dirección al centro de la tierra. En las
orillas del inmenso agujero, una exuberante vegetación, com-
pletamente distinta de la del sitio en que pisaba, enmarcaba la
caída de agua.
—Vamos a bajar aquí —dijo Petrus.
Comenzamos a bajar y recordé a Julio Verne, pues era co-
mo si caminásemos con dirección al centro de la tierra. La ba-
jada era escarpada y difícil, y tuve que agarrarme de ramas es-
pinosas y piedras cortantes para no caer. Llegué al fondo de la
depresión con los brazos y piernas completamente arañados.
—Bella obra de la naturaleza —dijo Petrus.
Estuve de acuerdo. Un oasis en medio del desierto, con la
vegetación espesa y gotas de agua formando arco iris, eran tan
hermosos vistos de abajo como desde arriba.
—Aquí la naturaleza muestra su fuerza —insistió.
—Es verdad —asentí.
—Y permite que también nosotros mostremos nuestra fuer-
za. Vamos a remontar esa cascada por en medio del agua —
dijo mi guía.
Miré de nuevo el escenario frente a mí. Ya no veía el bello
oasis, el complejo capricho de la naturaleza. Estaba ante una
enorme pared de más de quince metros de altura, por donde el
agua caía con fuerza ensordecedora. El pequeño lago formado
por la caída de agua tenía un nivel que no rebasaba a un hom-
bre parado, ya que el río se deslizaba con un ruido ensordece-
dor por una abertura que debía llegar a las profundidades de la
tierra. No había en el paredón asideros de los que pudiera aga-
rrarme, ni profundidad suficiente en el pequeño lago para
amortiguar la caída de nadie. Estaba ante una tarea absoluta-
mente imposible.
Recordé una escena sucedida cinco años atrás, en un ritual
extremadamente peligroso y que exigía —como éste— una es-
calada. El Maestre me dio la oportunidad de decidir si quería
continuar o no. Yo era más joven, estaba fascinado por sus po-