Paulo Coelho
El Peregrino
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deres y por los milagros de la Tradición, y decidí aceptar. Era
necesario demostrar mi valor y mi valentía.
Después de casi una hora de escalar la montaña, cuando
estaba ante la parte más difícil, un viento surgió con una fuerza
inesperada y tuve que agarrarme con todas las fuerzas de la
pequeña plataforma en que me apoyaba, para no precipitarme
al vacío. Cerré los ojos, esperando lo peor, y mantuve las uñas
clavadas en la roca. Cuál sería mi sorpresa al darme cuenta de
que, de inmediato, alguien me ayudaba a cambiar a una posi-
ción más cómoda y segura. Abrí los ojos y el Maestre estaba a
mi lado.
Hizo algunos ademanes en el aire y de repente el viento
dejó de soplar. Con una agilidad misteriosa, en la que había
momentos de puro ejercicio y levitación, bajó la montaña y me
pidió que hiciera lo mismo.
Llegué abajo con las piernas temblorosas y pregunté indig-
nado por qué no hizo que el viento se detuviera antes de que
me alcanzara.
—Porque fui yo quien ordenó al viento que soplara —
respondió.
—Para que me matara?
—Para salvarte. Serías incapaz de subir esta montaña.
Cuando pregunté si querías subir, no estaba poniendo a prueba
tu valor, sino tu sabiduría.
"En tu mente creaste una orden que no te di —dijo el Maes-
tre—. Si supieras levitar no habría problema. Pero te propusiste
ser valiente, cuando bastaba ser inteligente.
Ese día me habló de magos que habían enloquecido en el
proceso de iluminación, y que ya no podían distinguir sus pro-
pios poderes y los de sus discípulos. A lo largo de mi vida cono-
cí grandes hombres en el terreno de la Tradición. Llegué a co-
nocer tres grandes Maestres —incluyendo al mío— que eran ca-
paces de llevar el dominio del plano físico a situaciones mucho
más allá de lo que cualquier hombre es capaz de soñar. Vi mi-
lagros, predicciones exactas del futuro, conocimiento de encar-
naciones pasadas. Mi Maestre me habló de la guerra de las
Malvinas dos meses antes de que los argentinos invadieran las
islas. Describió todo con detalles y me explicó el porqué —en el
plano astral— de ese conflicto.
Pero, a partir de ese día, empecé a notar que además de
eso hay Magos, como dijo el Maestre, que "enloquecieron en el