Paulo Coelho
El Peregrino
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proceso de iluminación". Eran personas casi iguales en todo a
los Maestres, incluso en los poderes: vi a uno de ellos hacer
que germinara una semilla en quince minutos de concentración
extrema. Pero este hombre —y algunos otros— ya habían lle-
vado muchos discípulos a la locura y la desesperación. Hubo
casos de personas que habían ido a parar a hospitales psiquiá-
tricos, y por lo menos una historia confirmada de suicidio. Estos
hombres estaban en la llamada "lista negra" de la Tradición,
pero era imposible mantener control sobre ellos, y sé que mu-
chos continúan ejerciendo hasta hoy.
Toda esta historia me pasó por la mente en una fracción de
segundo, al mirar la cascada imposible de escalar. Pensé en el
tiempo inmenso durante el cual Petrus y yo habíamos caminado
juntos, recordé al perro que me atacó y no le hizo ningún daño,
de la pérdida de control en el restaurante con el muchacho que
nos atendía, de la borrachera en la fiesta de la boda. Sólo con-
seguía recordar esto.
—Petrus, de ninguna manera voy a subir esa cascada, por
una sola razón: es imposible.
No respondió nada. Se sentó en el pasto verde y yo hice lo
mismo. Permanecimos casi quince minutos en silencio. Su si-
lencio me desarmó y tomé la iniciativa de hablar de nuevo.
no quiero subir esa cascada porque me voy a caer. Y sé
que no voy a morir, pues cuando vi el rostro de mi Muerte, vi
también el día en que va a llegar, pero puedo caer y quedar li-
siado por el resto de mis días.
—Paulo, Paulo... —me miró y sonrió. Había cambiado por
completo. Su voz reflejaba un poco del Amor que Devora y sus
ojos estaban brillantes.
—Vas a decir que estoy rompiendo un juramento de obe-
diencia que hice antes de comenzar el Camino?
—No estás rompiendo ese juramento. No tienes miedo ni
pereza. Tampoco debes haber pensado que estoy dándote una
orden inútil. No quieres subir porque debes estar pensando en
los Magos Negros. Usar su poder de decisión no significa rom-
per un juramento. Este poder no se le niega nunca al peregri-
no.
Miré la cascada y volví a mirar a Petrus. Valoraba si había
posibilidades de subir y no encontraba ninguna.
—Pon atención —continuó. Voy a subir antes que tú, sin
utilizar ningún don y voy a lograrlo. Si lo logro, simplemente