DIÓGENES LAERCIO
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5. Escribió de la Jonia hasta dos mil versos, el
modo en que principalmente podía ser feliz. De sus
adomenos, éstos fueron los más aplaudidos:
Si vives en ciudad, placer procura
a los conciudadanos;
pues esto gusta a todos.
Pero, por el contrario, la arrogancia
ha sido siempre a todos perniciosa.
Sus sentencias son éstas: «Ser fuerte en el cuer-
po es obra de la Naturaleza; mas decir lo útil a la
patria es cosa del ánimo y de la prudencia. Las ri-
quezas vinieron a muchos aun casualmente». Lla-
maba «infeliz a quien no podía sufrir la infelicidad»,
y «enfermedad del ánimo apetecer imposibles y ol-
vidarse del mal ajeno». Preguntado qué cosa es difí-
cil, respondió: «Sufrir constantemente la decadencia
del propio estado». Navegando una vez con unos
impíos, como la nave fuese combatida de una tor-
menta y ellos invocasen los dioses, les dijo: «Callad,
no sea que los dioses os vean navegar aquí». A un
hombre impío que le preguntó qué cosa es piedad,
no le respondió palabra; y como éste le dijese cuál
era la causa de no responderle, dijo: «Callo porque