DIÓGENES LAERCIO
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están en el puerto»
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. Decía había visto en Grecia
una cosa que lo admiraba, a saber: que se dejaban el
humo en el monte y traían la leña a casa
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. Pregun-
tándole uno si eran más los vivos que los muertos,
respondió: «¿En qué clase de esas dos pones los
navegantes?» A un ateniense que le objetaba el que
era escita, respondió: «A mí me deshonra mi patria;
pero tú eres el deshonor de la tuya». Preguntado qué
cosa era buena y mala en los hombres, respondió:
«La lengua». Decía que «mejor era tener un amigo
ilustre que muchos ordinarios». Llamaba al foro «lu-
gar destinado para mutuos engaños y fraudes». Ha-
biéndole injuriado de palabra un joven en un
convite, dijo: «Mancebo, si ahora que eres joven no
puedes sufrir el vino, cuando envejezcas sufrirás el
agua». Según algunos, inventó para el uso de la vida
humana las áncoras y la rueda de alfar. Escribió esta
carta:
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Ateneo. Lib. VIII, atribuye este dicho al músico Estratóni-
co.
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Algunos lo entienden del carbón; otros, de la leña tostada
que usaron los antiguos y aun usan algunas ciudades de Ita-
lia.