fingiremos ser: ¿una nación apacible? ¿una nación encrespada? ¿una nación
limpia? ¿una nación angloparlante?
Los tratadistas reconocen tres tipos de impostura: horizontal, ascendente y
descendente. La última consiste en mostrarse peor de lo que se es. Y no faltan
economistas que postulan este camino para despertar la conmiseración
internacional.
3- Los teóricos más barrocos del Servicio creen que la impostura es un arte.
Y más aún: afirman que todo arte es una impostura. Cien gramos de pinturas al
aceite se nos aparecen como un rostro misterioso o como un paisaje lunar.
Quinientos kilos de bronce pretenden ser el cuerpo de Hércules. Una curiosa
combinación de tintas y papeles es presentada como el alma de un hombre
atormentado.
Solamente la música está libre de simulaciones. Un acorde en mi menor es
precisamente eso y no pretende ser nada más.
Los teóricos también han defendido el carácter ético de la impostura
ascendente. El argumento principal no es muy novedoso: de tanto aparentar
bondad, uno acaba por ser bueno.
Faltan en esta monografía datos concretos que permitan al lector la
contratación del Servicio. Lamentablemente, no es posible ofrecerlos.
Para empezar, nadie sabe cuál es la ubicación de la entidad. A veces, el
local asume el aspecto de un almacén. Otras veces, se aparece como un copetín
al paso, o como una estación de ferrocarril. Los impostores son siempre
consecuentes con sus representaciones y por más que uno les plantee sus
necesidades, insisten en vender garbanzos, servir una ginebra o despachar un
boleto de ida y vuelta a Caseros.
Es cierto que a menudo aparecen impostores ofreciendo sus servicios. Pero
la organización ya ha advertido al público que se trata en realidad de falsos
impostores que deben ser denunciados a la policía.
4- Vaya uno a saber cuántos ridículos firuletes habremos hecho los criollos
para agradar a los polacos y coreanos.
¿Estaremos bien? ¿No seremos una nación fuera de lugar? ¿Qué pensarán de
nosotros estos visitantes holandeses? ¿Le ha gustado nuestra autopista, señor
Smith? ¡Cuidado, disimulen que ahí viene un francés! ¿No estaremos
desentonando en el concierto internacional?
Yo creo que tal vez no importa desentonar en un concierto que parece
dirigido por Mandinga.
Vale la pena intentar el camino difícil, el más penoso, el más largo pero
también el más seguro. Es el camino de la verdad. El que quiera parecer honrado,
que lo sea. El que quiera fama de valiente, que se la gane a fuerza de guapeza.
Y si queremos que el mundo piense que somos una gran nación, sepamos
que lo más conveniente es ser de veras una gran nación.
Mientras llegan esos tiempos, podríamos empezar a fingir que no fingimos.