De entrada, nomás, Ives Castagnino postuló la definicíon ostensible.
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El tango es esto
-dijo.
Tocó
El Apache Argentino
con su guitarra y se fué dando un portazo.
Muy pronto se perfilaron dos criterios opuestos. Uno restringido, que
acotaba el género con rígidas exigencias. Otro amplio, que extendía el tango hasta
el confín del universo. De este último sector proviene el "pantanguismo", escuela
que sostiene que todo es tango, lo que significa al mismo tiempo que nada lo es.
La discusión terminó con la oportuna intervención de la policía, repartición
que tiene ideas propias acerca de la música popular.
Desde aquella noche Gómez Re empezó a interesarse por las discusiones
y a descuidar su vida artística. La preparación de mortíferos silogismos le restó
tiempo para tocar el bandoneón. Sus últimas actuaciones consistían
redondamente en conferencias.
A decir verdad, son muchos los que hoy padecen un vicio semejante. Más
fácil es encontrar ensayistas o historiadores tangueros que cantores o guitarristas.
Ante la defección de Gómez Re, otros artistas tomaron la antorcha.
Un grupo de la calle Caracas cambió primero los instrumentos, luego el
ritmo, mas tarde las letras y, finalmente el nombre mismo del tango, al que llaman
rock.
Los profesores universitarios, los sociólogos, y los pisaverdes se declararon
partidarios de Gómez Re y sus sucesores, y lo nombraban a cada párrafo en sus
charlas y peroraciones.
En toda clase de actos públicos se anunciaba la muerte de los tangos viejos
y su reemplazo por el Neotango Internacional, que arranca lágrimas a los belgas
arruespes.
Confinados en reducidos cenáculos, los Retrógrados del Ayer solicitaban la
prohibición de los tangos posteriores a 1940.
Gómez Re se retiró para siempre y no volvió a actuar en público. El ruso
Salzman juraba haberlo visto en una cervecería de Los Toldos, tocando sin
adornos el tango
Milonguita
.
Los enfrentamientos polémicos siguen hasta hoy. Nadie parece haber
reparado en algo terrible: el tango nuevo ya es viejo. Si se trata de juzgar que el
arte no es eterno y mas aún, que ni siquiera dura mucho, es necesario confesar
que las invenciones renovadoras son ya lugares comunes.
¿Por qué no aparecen nuevos demoledores para hacer probar a los Gómez
Re su propia medicina?
Las reflexiones iniciales de Ortega son de 1919. ¿Es que tan luego el arte
nuevo, que auspiciaba el desalojo de las formas clásicas, pretenderá quedarse
para siempre?
Temo que a espaldas de los bandos tangueros, las multitudes se han ido a
casa.
La única esperanza está en la aparición del artista. Ese que se presenta por
la puerta menos prometedora y sin doctrina ni explicaciones, llega al rincon más