su alimentación, aunque come mejor que yo. Una vez se comió toda una caja de
plástico para tabaco, ¿usted cree? Ese es el negocio al que me dedicaría ahora, sí
señor, si los matasanos no me hubieran dicho que debía darle un descansito al
corazón.
- Podría amarrar al perro a ese árbol - dijo el desconocido.
- ¡Me revientan todos estos jóvenes de ahora! - dijo Bullard-
Todos suspirando para que no haya fronteras. Jamás ha habido tantas
Fronteras como ahora. ¿Sabe usted lo que diría hoy Horace Greely?
- Tiene la nariz húmeda - dijo el desconocido, y retiró los tobillos, pero el
perro se encorvó en paciente persecución -. Ya, ¡quieto! - Si tiene la nariz
húmeda, quiere decir que está sano - dijo Bullard-. Dedícate al plástico,
¡muchacho! Eso diría Greeley. Dedícate al átomo ¡muchacho!
El perro había localizado definitivamente los botones de plástico en las ligas
del desconocido y movía la cabeza de un lugar a otro cavilando en la manera de
hincar sus dientes en esa golosina.
-¡Lárgate! - dijo el desconocido.
- ¡Dedícate a la electrónica, muchacho! - dijo Bullard -. No me diga que ya
no hay oportunidades. Las oportunidades están tocando en cada puerta del país,
tratando de entrar. Cuando yo erajoven, tenía uno que salir a buscar una
oportunidad para luego llevarla de las orejas a casa. Ahora...
- Lo siento - dijo el desconocido simplemente. Cerró el libro, se puso de pie y
jaló su tobillo lejos del perro.
- Tengo que irme. Buenos días, señor.
Con paso majestuoso atravesó el parque, encontró otra banca, se sentó
dejando escapar un suspiro y comenzó su lectura. Su respiración había vuelto a
la normalidad cuando sintió de nuevo la esponja húmeda de la nariz del perro
sobre sus tobillos.
- ¡Oh, es usted! - dijo Bullard, sentándose a su lado -. El perro lo andaba
cazando. Olió algo, y lo dejé que buscara. ¿Qué le dije del plástico? - satisfecho,
miró a su alrededor. Hizo bien en buscar otro sitio. Hacía mucho calor allá.
Nada de sombra y ninguna señal de brisa.
-¿Se irá el perro si le compro una caja de plástico? - dijo el desconocido.
- Esa es una buena broma, una buena broma - dijo Bullard en tono amistoso.
Repentinamente, le dio una palmada en la rodilla -. Oiga, ¿qué usted se dedica
al plástico? He estado hablando acerca del plástico y a la mejor es a lo que se
dedica usted.
-¿A lo que me dedico? dijo el desconocido, vigorosamente, dejando su libro -
. Lo siento, nunca me he dedicado a nada. He andado de aquí para allá desde los
nueve años, desde que Edison montó su laboratorio junto a mi casa y me mostró
el analizador de inteligencia.
- ¿Edison? - dijo Bullard -, ¿ Thomas Edison, el inventor? - Si quiere llamarlo
así, hágalo - dijo el desconocido.