- Le apuesto a que estaba enojado - dijo Bullard, encantado. - Puede usted
apostar a que estaba yo muerto de miedo - dijo el desconocido -. Creí
encontrarme cara a cara con Satanás. Edison tenía unos alambres enganchados a
sus oídos que terminaban en una cajita negra que tenía en las piernas. Quise
salir, pero me agarró del cuello y me obligó a sentarme.
- Muchacho - dijo Edison -, siempre está más oscuro antes del amanecer.
Quiero que lo recuerdes.
- Sí, señor - dije yo.
- Durante más de un año, muchacho - me dijo Edison-, he tratado de
encontrar un filamento que dure en una lámpara incandescente. Cabello, hilo,
astillas, nada funciona. Así que mientras pensaba en alguna otra cosa para
experimentar, comencé a darle vueltas a otra idea mía, sólo para dejar que
saliera el vapor. Y logré armar esto - me dijo, mostrándome la cajita negra -.
Pensé que la inteligencia podría ser sólo un cierto tipo de electricidad, así que
hice este analizador de inteligencia. ¡Y funciona! Eres el primero en enterarte,
muchacho. Pero no sé por qué no habías de ser el primero. Será tu generación la
que crecerá en la nueva era gloriosa en que la gente será clasificada tan
fácilmente como naranjas.
-¡No lo creo! - dijo Bullard.
-¡Que me parta un rayo en este momento! - dijo el desconocido -. Y es cierto
que funcionaba. Edison había probado el analizador con los hombres de su
taller, sin decirles de lo que se trataba. Cuanto más inteligente era un hombre,
más a la derecha giraba la aguja del indicador en la cajita negra. Dejé que lo
probara conmigo, pero la aguja no giró, sólo temblaba. Pero por muy tonto que
fuera entonces, es cuando hice mi única contribución al mundo. Como le dije,
no he levantado un dedo desde entonces.
-¿Qué hizo usted? - preguntó Bullard con ansiedad.
- Dije: Señor Edison, probemos con el perro. ¡Y me hubiese gustado que
viera usted lo loco que se puso el perro cuando lo dije! El viejo Sparky ladró y
aulló y rascó para poder salirse. Cuando vió que iba en serio, que no iba a poder
salir, corrió derechito hacia el analizador de inteligencia e hizo que se le cayera
a Edison de las manos. Pero lo acorralamos, y Edison lo sujetó mientras yo le
colocaba los alambres en las orejas. ¡Y no lo va a creer, pero la aguja giró hacia
el otro extremo del cuadrante, mucho más allá de una marca hecha con lápiz
rojo en la cara del cuadrante!
- El perro lo rompió - dijo Bullard.
- Señor Edison - dije -, ¿qué quiere decir esa marca roja?
- Muchacho - dijo Edison-, quiere decir que el instrumento se ha roto, porque
esa marca roja soy yo.
- Claro que estaba roto - dijo Bullard.
El desconocido dijo gravemente: - Pero no estaba roto. No, señor. Edison
examinó todo el aparato y estaba perfectamente en orden. Cuando Edison me
dijo eso fue cuando Sparky - loco por salirse- se echó de cabeza.