Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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Nos ha parecido que una simple presentación de esto último no carece de interés,
sobre todo para el filósofo acostumbrado a hallar sus problemas y los medios de
resolverlos en los textos de la filosofía clásica o en los casos que le presenta la
historia espiritual de Occidente. Creemos desde hace tiempo que la filosofía
occidental corre el peligro de tornarse “provinciana”: primero, por aislarse
celosamente en su propia tradición e ignorar, por ejemplo, los problemas y las
soluciones del pensamiento oriental; luego, por obstinarse en no reconocer más
que las “situaciones” del hombre de las civilizaciones históricas, sin
consideración por la experiencia del hombre “primitivo”, dependiente de las
sociedades tradicionales. Estimamos que la antropología filosófica tendría algo
que aprender de la valoración que el hombre presocrático (dicho de otro modo, el
hombre tradicional) dio a su situación en el Universo. Aun más: que los
problemas cardinales de la metafísica podrían experimentar una renovación
gracias al conocimiento de la antología arcaica. En varios trabajos anteriores, en
particular en nuestro Tratado de Historia de las Religiones, hemos intentado
presentar los principios de esa antología arcaica, sin pretender, ciertamente,
haber conseguido dar una exposición siempre coherente, y menos aún
exhaustiva.
Muy a pesar nuestro, el ensayo que va a leerse tampoco aportará dicha
exposición exhaustiva. Como nos dirigimos tanto al filósofo como al etnólogo o al
orientalista, pero sobre todo al hombre culto, al no especializado, a veces nos
hemos visto obligados a resumir en fórmulas sumarias lo que, tratado con
amplitud y detalladamente, hubiese exigido un imponente volumen. Toda
discusión profunda acarrearía un despliegue de citas de fuentes y un lenguaje
técnico que desalentarían a muchos lectores. Ahora bien: nuestra preocupación,
más que comunicar a los especialistas una serie de comentarios al margen de sus
propios problemas, era llamar la atención del filósofo y del hombre culto en
general sobre posibilidades espirituales que, aun cuando han sido superadas en
numerosas regiones del globo, son instructivas para el conocimiento y la historia
del hombre. Una consideración del mismo orden ha hecho que limitemos a lo
estrictamente necesario las referencias, las cuales a veces se reducen a una
simple alusión. Un índice especial, al final del volumen, dará las indicaciones
complementarias sobre ese punto.
Comenzado en 1945, este ensayo sólo pudo ser proseguido y acabado dos
años después. La traducción del manuscrito rumano se debe a los señores Jean
Gouillard y Jacques Soucasse, a quienes dirigimos la expresión de nuestra
gratitud. Una vez más, nuestro sabio colega y amigo Georges Dumézil se tomó
el trabajo de leer la traducción en manuscrito y así nos permitió corregir algunas
inadvertencias.
M.E.