Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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del soberano chino perfecto, el gnomon no debe hacer sombra el día del
solsticio de verano a mediodía. Dicha capital se halla, en efecto, en el
Centro del Universo, cerca del árbol milagroso “Palo enhiesto” (kien mu),
donde se entrecruzan las tres zonas cósmicas: Cielo, Tierra e Infierno.
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El templo de Barabudur es también una imagen del Cosmos, y está
construido como una montaña artificial (como lo eran los ziqqurat). Al
escalarlo, el peregrino se acerca al Centro del Mundo y, en la azotea
superior, realiza una ruptura de nivel, trascendiendo el espacio profano,
heterogéneo, y penetrando en una “región pura”. Las ciudades y los
lugares santos están asimilados a las cimas de las montañas cósmicas.
Por eso Jerusalén y Sión no fueron sumergidas por el Diluvio. Por otro
lado, según la tradición islámica, el lugar más elevado de la tierra es la
Kaaba, porque “la estrella polar testimonia que se halla frente al centro
del Cielo”.
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C) En fin, como consecuencia de su situación en el centro del
Cosmos, el templo o la ciudad sagrada son siempre el punto de
encuentro de las tres regiones cósmicas: Cielo, Tierra e Infierno. Dur-an-
ki, “lazo entre el Cielo y la Tierra”, era el nombre de los santuarios de
Nippur, Larsa y sin duda Sippar.
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Babilonia tenía multitud de nombres,
entre los cuales se cuentan: “Casa de la base del Cielo y de la Tierra”,
“Lazo entre el Cielo y la Tierra”.
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Pero siempre era en Babilonia donde
se cumplía el enlace entre la Tierra y las regiones inferiores, pues la
ciudad había sido construida sobre bab-apso, la “Puerta de apsu”;” apsu
designa las aguas del Caos anterior a la Creación. Encontramos esa
misma tradición entre los hebreos. La roca de Jerusalén penetraba
profundamente en las aguas subterráneas (tehom). En la misma se dice
que el Templo se encuentra justo encima de tehom (equivalente hebraico
de apsu). Y así como Babilonia tenía la “puerta de apsu”, la roca del
Templo de Jerusalén cerraba la “boca de tehom”.
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Concepciones
similares se encuentran en el mundo indoeuropeo. Entre los romanos,
por ejemplo, el mundus —es decir, el surco que se trazaba en torno al
lugar donde había de fundarse una ciudad— constituía el punto de
encuentro entre las regiones inferiores y el mundo terrestre. “Cuando el
mundus está abierto, es la puerta de las tristes divinidades infernales la
que está abierta”, manifiesta Varrón.
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El templo itálico era la zona de
intersección de los mundos superiores (divino), terrestre y subterráneo.
“El Santísimo creó el mundo como un embrión. Así como el
embrión crece a partir del ombligo, así Dios empezó a crear el mundo
por el ombligo y de ahí se difundió en todas direcciones.”
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Yoma afirma:
“el mundo fue creado comenzando por Sión”.
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En el Rig-Veda (por
ejemplo, x, 149), el Universo está concebido como si hubiera comenzado