Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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del ser, de lo inanimado a lo viviente, sólo pueden alcanzar la existencia
en un área sagrada por excelencia, entonces se aclaran maravillosamente
para nosotros el simbolismo de las ciudades sagradas (“centros del
mundo”), las teorías geománticas que presiden la fundación de las
ciudades, las concepciones que justifican los ritos de su construcción. Al
estudio de esos ritos de construcción y de las teorías que ellos implican
hemos consagrado una obra anterior:
*
a ella remitimos al lector. Sólo
recordaremos dos proposiciones importantes:
1
a
, toda creación repite el acto cosmogónico por excelencia: la
Creación del Mundo;
2
a
, en consecuencia, todo lo que es fundado lo es en el Centro del
Mundo (puesto que, como sabemos, la Creación misma se efectuó a
partir de un centro). Entre la multitud de ejemplos que tenemos a mano
elegiremos uno solo, interesante también por otras razones que volverán
a traerlo en nuestra exposición. En la India, “antes de colocar una sola
piedra... el astrólogo indica el punto de los cimientos que se halla encima
de la serpiente que sostiene al mundo. El maestro alba-ñil labra una
estatua de madera de un árbol jadira, y la hunde en el suelo, golpeándola
con un coco, exactamente en el punto designado, para fijar bien la cabeza
de la serpiente”.
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Encima de la estaca es colocada una piedra de
busepadmacila). La piedra de ángulo se halla así exactamente en el “centro
del mundo”. Pero el acto de fundación repite a un mismo tiempo el acto
cosmogónico, pues “fijar”, clavar la estatua en la cabeza de la serpiente,
es imitar la hazaña primordial de Soma
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o de Indra, cuando este último
“hirió a la Serpiente en la cueva”,
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cuando su rayo le “cortó la cabeza”.
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La serpiente simboliza el caos, lo amorfo no manifestado. Indra
encuentra a Vritra
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no dividida (aparvan), no despierta (abudhyam),
dormida (adudhyamánam), sumida en el sueño más profundo
(suskupánam), tendida (agayanam). Fulminarla y decapitarla equivale al
acto de creación, con el paso de lo no manifestado a lo manifestado, de lo
amorfo a lo formal. Vritra había confiscado las Aguas y las guardaba en
la cavidad de las montañas. Esto quiere decir: 1°, o que Vritra era el
Señor absoluto —como lo era Tiamat o cualquier otra divinidad ofidia—
de todo el caos anterior a la Creación; 2°, o bien que la gran Serpiente, al
guardar las Aguas para ella sola, había dejado al mundo entero asolado
por la sequía. El sentido no se altera ya sea que esa confiscación ocurriera
antes del acto de la Creación o después de la formación del mundo:
*
Comentarii la legenda Mesterului Manole (Bucarest, 1943).