Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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en el Laberinto); que la danza fuera ejecutada con el fin de adquirir
alimentos, honrar a los muertos o asegurar el buen orden del Cosmos;
que se realizara en el momento de las iniciaciones, de las ceremonias
mágicorreligiosas, de los casamientos, etcétera. Lo que nos interesa es su
origen extrahumano presupuesto (pues toda danza fue creada in illo
tempore, en la época mítica, por un “antepasado”, un animal totémico, un
dios o un héroe). Los ritmos coreográficos tienen su modelo fuera de la
vida profana del hombre; ya reproduzcan los movimientos del animal
totémico o emblemático, o los de los astros, ya constituyan rituales por sí
mismos (pasos laberínticos, saltos, ademanes efectuados por medio de
los instrumentos ceremoniales, etcétera), una danza imita siempre un
acto arquetípico o conmemora un momento mítico. En una palabra, es
una repetición, y por consiguiente una reactualización de “aquel
tiempo”.
Luchas, conflictos, guerras, tienen la mayor parte de las veces una
causa y una función rituales. Es una oposición estimulante entre las dos
mitades del clan, o una lucha entre los representantes de dos divinidades
(por ejemplo, en Egipto, el combate entre dos grupos que representaban
a Osiris y a Seth), pero siempre conmemora un episodio del drama
cósmico y divino. En ningún caso pueden explicarse la guerra o el duelo
por motivos racionalistas. Hocart señaló muy justamente el papel ritual
de las hostilidades.
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Cada vez que el conflicto se repite, hay imitación de
un modelo arquetípico. En la tradición nórdica, el primer duelo ocurrió
cuando Thor, provocado por el gigante Hrugner, encontró a éste en la
“frontera” y lo venció en combate singular. Vuelve a encontrarse el
mismo motivo en la mitología indoeuropea, y Georges Dumézil
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tiene
razón al considerarlo como una versión tardía, pero sin embargo
auténtica, del escenario muy antiguo de una iniciación militar. El joven
guerrero había de reproducir el combate entre Thor y Hrugner; en efecto,
la iniciación militar consiste en un acto de valentía cuyo prototipo mítico
es dar muerte a un monstruo tricéfalo. Los frenéticos berserkires,
guerreros feroces, repetían con toda exactitud el estado de furia sagrada
(wut, menos, furor) del modelo primordial.
La ceremonia hindú de la consagración de un rey, el rajasuya, “no es
más que la reproducción terrestre de la antigua consagración que
Varuna, el primer Soberano, hizo en su provecho: los Brahmana lo repiten
hasta la saciedad... A lo largo de las explicaciones rituales vuelve,
fastidiosa pero instructiva, la afirmación de que, si el rey cumple tal o
cual acción, es porque en el alba de los tiempos, el día de su
consagración, Varuna la llevó a cabo.
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Y ese mismo mecanismo puede
descubrirse en todas las demás tradiciones, en la medida en que la