Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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documentación que poseemos nos lo permite (cf. las obras clásicas de
Moret sobre el carácter sagrado de la realeza egipcia, y de Labat sobre la
realeza asiriobabilónica). Los rituales de construcción repiten el acto
primordial de la construcción cosmogónica. El sacrificio que se ejecuta
cuando se edifica una casa (una iglesia, un puente, etcétera) no es sino la
imitación en el plano humano del sacrificio primordial celebrado in illo
tempore para dar nacimiento al mundo (véase cap. ii).
El valor mágico y farmacéutico de ciertas hierbas se debe también a
un prototipo de la planta, o al hecho de que ésta fue cogida por vez
primera por un dios. Ninguna planta es preciosa en sí misma, sino
solamente por su participación en un arquetipo o por la repetición de
ciertos ademanes y palabras que, aislando a la planta de la especie
profana, la consagra. Así, dos fórmulas de encantamiento anglosajonas
del siglo xvi, que era costumbre pronunciar cuando se recogían las
hierbas medicinales, precisan el origen de su virtud terapéutica:
crecieron por primera vez (es decir, ab origine) en el monte sagrado del
Calvario (en el “centro” de la Tierra): “Salve, oh hierba santa que crece
en la tierra, primero te encontraste en el monte del Calvario, eres buena
para toda clase de heridas; en el nombre del dulce Jesús, te cojo”, (1584).
“Eres santa, Verbena, porque creces en la tierra, pues primero te
encontraron en el monte del Calvario. Curaste a nuestro Redentor
Jesucristo y cerraste sus heridas sangrantes; en el nombre (del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo) te cojo.”
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Se atribuye la eficacia de esas hierbas
al hecho de que su prototipo fue descubierto en un momento cósmico
decisivo (“en aquel tiempo”) en el monte Calvario. Recibieron su
consagración por haber curado las heridas del Redentor. La eficacia de
las hierbas recogidas sólo vale en cuanto quien las coge repite ese acto
primordial de la curación. Por eso una antigua fórmula de
encantamiento dice: “Vamos a coger hierbas para ponerlas sobre las
heridas del Salvador”.
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Esas fórmulas de magia popular cristiana siguen una antigua
tradición. En la India, por ejemplo, la hierba Kapitthaka (Feronia
elephantum) cura la impotencia sexual, pues, ab origine, el Gandharva la
utilizó para devolver a Varuna su virilidad. Por consiguiente, la
recolección ritual de la hierba es, efectivamente, una repetición del acto
del Gandharva. “A ti, hierba que el Gandharva arrancó para Varuna
cuando éste perdió su virilidad, a ti te arrancamos.”
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Una larga
invocación que figura en el Papiro de París
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indica el estatuto
excepcional de la hierba recogida: “Has sido sembrada por Cronos,
recibida por Hera, conservada por Amón, parida por Isis, alimentada por
Zeus lluvioso; has crecido gracias al Sol y al rocío...”. Para los cristianos,