Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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las hierbas medicinales debían su eficiencia al hecho de haber sido
halladas por vez primera en el monte Calvario. Para los antiguos, las
hierbas debían su virtud a que habían sido descubiertas por primera vez
por los dioses. “Betónica, tú que fuiste descubierta por primera vez por
Esculapio, o por el centauro Quirón...”, tal es la invocación recomendada
por un tratado de her-borística.
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Sería fastidioso —y hasta inútil para el designio de este ensayo—
recordar los prototipos míticos de todas las actividades humanas. El
hecho de que la justicia humana, por ejemplo, que está fundada en la
idea de “ley”, tiene un modelo celeste y trascendente en las normas
cósmicas (tao, artha, rta, tzedek, themis, etcétera) es demasiado conocido
para que insistamos en él. También es una característica de las estéticas
arcaicas el que “las obras del arte humano sean imitaciones de las del
arte divino”,
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y los estudios de Anan-da K. Coomaraswamy lo han
puesto en evidencia admirablemente.
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Es interesante observar que aun
el estado de beatitud, la eudaimonia, es una imitación de la condición
divina, para no hablar de las diversas suertes de entusiasmos creados en
el alma del hombre por la repetición de ciertos actos realizados por los
dioses in illo tempore (orgía dionisíaca, etcétera): “La actividad de Dios,
cuya beatitud supera todo, es puramente contemplativa, y entre las
actividades humanas la más venturosa de todas es la que más se acerca a
la actividad divina”;
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“hacerse tan parecido a Dios como posible sea”;
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haec hominis est perfectio, similitudo Dei (Santo Tomás de Aquino).
Debemos agregar que, para la “mentalidad primitiva”, cuya
estructura ha sido recientemente estudiada por Van der Leeuw con tanta
penetración,
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todos los actos importantes de la vida corriente han sido
revelados ab origine por dioses o héroes. Los hombres no hacen sino
repetir infinitamente esos gestos ejemplares y paradigmáticos. La tribu
australiana yuin sabe que Daramulun, “All Father”, inventó,
especialmente para ella, todos los instrumentos y todas las armas que
ella ha utilizado hasta ahora.
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Asimismo, la tribu kurnai sabe que
Munganngaua, el Ser Supremo, vivió cerca de ella, en la Tierra, al
principio de los tiempos, a fin de enseñarle cómo fabricar los
instrumentos de trabajo, las barcas, las armas, “en una palabra, todos los
oficios que conoce”.
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En Nueva Guinea, numerosos mitos hablan de
largos viajes por mar, proveyendo así “modelos a los navegantes
actuales”, y también modelos para todas las demás actividades, “ya se
trate de amor, de guerra, de pesca, de producir la lluvia, o de cualquier
otra cosa... El relato suministra precedentes para los diferentes
momentos de la construcción de un barco, para los tabúes sexuales que
ésta implica, etcétera”.
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Cuando un capitán se hace a la mar, personifica