Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
25
al héroe mítico Aori. “Lleva el traje que Aori vestía según el mito; como
él, tiene la cara ennegrecida, y en los cabellos un love semejante al que
Aori quitó de la cabeza de Ivi. Baila en la cubierta, y abre los brazos
como Aori desplegaba sus alas... Un pescador me dice que cuando iba a
cazar peces (con su arco) se consideraba el propio Kivavia. No imploraba
el favor y la ayuda de ese héroe mítico: se identificaba con él.”
99
Ese simbolismo de los precedentes míticos se encuentra igualmente
en otras culturas primitivas. Respecto de los karuks de California, J.P.
Harrington escribe: “El karuk hacía lo que hacía porque se creía que los
ikxareyavs habían dado el ejemplo en los tiempos míticos. Esos
ikxareyavs eran la gente que vivía en América antes de la llegada de los
indios. Los karuks modernos, como no saben de qué modo explicar esa
palabra, proponen traducciones como ‘los príncipes’, ‘los jefes’, ‘los
ángeles’... No quedaron con ellos más que el tiempo necesario para dar a
conocer y poner en ejecución todas las costumbres, diciendo cada vez a
los karuks: ‘Así harán los humanos’. Sus actos y sus palabras son aún
hoy referidas y citadas en las fórmulas mágicas de los karuks.”
100
El potlach, ese curioso sistema de comercio ritual que se halla en el
Noroeste de América, al que Marcel Mauss consagró un estudio célebre
(Essai sur le don, forme archaique de l’échange), no es más que la repetición
de una costumbre introducida por los antepasados en la época mítica.
Los ejemplos podrían multiplicarse fácilmente.
101
LOS MITOS Y LA HISTORIA
Cada uno de los ejemplos citados en el presente capítulo nos revela
la misma concepción ontológica “primitiva”; un objeto o un acto no es
teoría real más que en la medida en que imita o repite un arquetipo. Así,
la realidad se adquiere exclusivamente por repetición o participación:, todo
lo que no tiene un modelo ejemplar está “desprovisto de sentido”, es
decir, carece de realidad. Los hombres tendrán, pues, la tendencia a
hacerse arquetípicos y paradigmáticos. Esta tendencia puede parecer
paradójica, en el sentido de que el hombre de las culturas tradicionales
no se reconoce como real sino en la medida en que deja de ser él mismo
(para un observador moderno) y se contenta con imitar y repetir los actos
de otro. En otros términos, no se reconoce como real, es decir, como
“verdaderamente él mismo” sino en la medida en que deja precisamente
de serlo. Sería, pues, posible decir que esa ontología “primitiva” tiene
una estructura platónica, y Platón podría ser considerado en este caso