Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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como el filósofo por excelencia de la “mentalidad primitiva”, o sea como
el pensador que consiguió valorar filosóficamente los modos de
existencia y de comportamiento de la humanidad arcaica.
Evidentemente, la “originalidad” de su genio filosófico no desmerece
por ello; pues el gran mérito de Platón sigue siendo su esfuerzo por
justificar teóricamente esa visión de la humanidad arcaica, empleando
los medios dialécticos que la espiritualidad de su tiempo ponía a su
disposición.
Pero nuestro interés no se dirige a ese aspecto de la filosofía
platónica; apunta a la ontología arcaica. Reconocer la estructura
platónica de esa ontología no nos llevará muy lejos. Mucho más
importante es la segunda conclusión que se desprende del análisis de los
hechos citados en las páginas precedentes, a saber, la abolición del
tiempo por la imitación de los arquetipos y por la repetición de las
hazañas paradigmáticas. Un sacrificio, por ejemplo, no sólo reproduce
exactamente el sacrificio inicial revelado por un dios ab origine, al
principio, sino que sucede en ese mismo momento mítico primordial; en
otras palabras: todo sacrificio repite el sacrificio inicial y coincide con él.
Todos los sacrificios se cumplen en el mismo instante mítico del
Comienzo; por la paradoja del rito, el tiempo profano y la duración
quedan suspendidos. Y lo mismo ocurre con todas las repeticiones, es
decir, con todas las imitaciones de los arquetipos; por esa imitación el
hombre es proyectado a la época mítica en que los arquetipos fueron
revelados por vez primera. Percibimos, pues, un segundo aspecto de la
ontología primitiva; en la medida en que un acto (o un objeto) adquiere
cierta realidad por la repetición de los gestos paradigmáticos, y solamente
por eso, hay abolición implícita del tiempo profano, de la duración, de la
“historia”, y el que reproduce el hecho ejemplar se ve así transportado a
la época mítica en que sobrevino la revelación de esa acción ejemplar.
La abolición del tiempo profano y la proyección del hombre en el
tiempo mítico no se producen naturalmente, sino en los intervalos
esenciales, es decir, aquellos en que el hombre es verdaderamente él mismo:
en el momento de los rituales o de los actos importantes (alimentación,
generación, ceremonia, caza, pesca, guerra, etcétera). El resto de su vida
se pasa en el tiempo profano y desprovisto de significación: en el
“devenir”. Los textos brahmánicos ponen muy claramente de manifiesto
la heterogeneidad de los dos tiempos, el sagrado y el profano, de la
modalidad de los dioses ligada a la “inmortalidad” y de la del hombre
ligada a la “muerte”. En la medida en que repite el sacrificio arquetípico,
el sacrificante en plena operación ceremonial abandona el mundo
profano de los mortales y se incorpora al mundo divino de los