Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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inmortales. Por lo demás, lo declara en estos términos: “He alcanzado el
Cielo, los dioses; ¡me he hecho inmortal!”
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Si entonces bajara sin cierta preparación al mundo profano, que
abandonó durante el rito, moriría de golpe; por eso son indispensables
ciertos ritos de desconsagración para reintegrar al sacrificante al tiempo
profano. Lo mismo sucede durante la unión sexual ceremonial; el
hombre deja de vivir en el tiempo profano y desprovisto de sentido,
puesto que imita a un arquetipo divino.
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El pescador melanesio,
cuando sale al mar, se convierte en el héroe Aori y se encuentra
proyectado en el tiempo mítico, en el momento en que acontece el viaje
paradigmático. Así como el espacio profano es abolido por el simbolismo
del Centro que proyecta cualquier templo, palacio o edificio en el mismo
punto central del espacio mítico, del mismo modo cualquier acción
dotada de sentido llevada a cabo por el hombre arcaico, una acción real
cualquiera, es decir, una repetición cualquiera de un gesto arquetípico,
suspende la duración, excluye el tiempo profano y participa del tiempo
mítico.
En el capítulo venidero, cuando examinemos una serie de
concepciones paralelas en relación con la regeneración del tiempo y el
simbolismo del Año Nuevo, tendremos ocasión de comprobar que esa
suspensión del tiempo profano corresponde a una necesidad profunda
del hombre arcaico. Comprenderemos entonces la significación de esa
necesidad, y veremos en primer término que el hombre de las culturas
arcaicas soporta difícilmente la “historia” y que se esfuerza por anularla
en forma periódica. Los hechos que hemos examinado en el presente
capítulo adquirirán entonces otras significaciones. Pero, antes de abordar
el problema de la regeneración del tiempo, conviene considerar desde un
punto de vista diferente el mecanismo de la transformación del hombre en
arquetipo mediante la repetición. Examinaremos un caso preciso: ¿en qué
medida la memoria colectiva conserva el recuerdo de un acontecimiento
“histórico”? Hemos visto que el guerrero, sea cual fuere, imita a un
“héroe” y trata de acercarse lo más posible a ese modelo arquetípico.
Veamos ahora lo que el pueblo recuerda de un personaje histórico cuyos
actos están bien atestiguados por documentos. Atacando el problema
desde este ángulo damos un paso adelante, puesto que
ahora se trata de una sociedad a la que, pese a ser “popular”, no se
la puede calificar de “primitiva”.
Refirámonos, para dar un solo ejemplo, al conocido mito
paradigmático del combate entre el Héroe y una serpiente gigantesca, a
menudo tricéfala que a veces es reemplazada por un monstruo marino
(In-dra, Heracles, etcétera; Marduk). Allí donde la tradición goza todavía