Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
32
Sólo queremos decir que —independientemente del origen de los temas
folclóricos y del talento más o menos grande del creador de la poesía
épica— el recuerdo de los acontecimientos históricos y de los personajes
auténticos es modificado al cabo de dos o tres siglos a fin de que pueda
entrar en el molde de la mentalidad arcaica, que no puede aceptar lo
individual y sólo conserva lo ejemplar. Esa reducción de los
acontecimientos a las categorías y de los individuos a los arquetipos,
realizada por la conciencia de las capas populares europeas casi hasta
nuestros días, se efectúa de conformidad con la ontología arcaica. Podría
decirse que la memoria popular restituye al personaje histórico de los
tiempos modernos su significación de imitador del arquetipo y de
reproductor de las acciones arquetípicas, significación de la cual los
miembros de las sociedades arcaicas han sido y continúan siendo
conscientes (como lo demuestran los ejemplos citados en este capítulo),
pero que ha sido olvidada, por ejemplo, por personajes como Dieudonné
de Gozon o Marko Krajlevic.
El carácter ahistórico de la memoria popular, la impotencia de la
memoria colectiva para retener los acontecimientos y las
individualidades históricas sino en la medida en que los transforma en
arquetipos, es decir, en la medida en que anula todas sus
particularidades “históricas” y “personales”, plantean una serie de
problemas nuevos cuya indagación nos vemos obligados a postergar por
el momento. Pero a esta altura tenemos el derecho a preguntarnos si la
importancia de los arquetipos para la conciencia del hombre arcaico y la
incapacidad para la memoria popular de retener lo que no sean
arquetipos no nos revelan algo más que la resistencia de la espiritualidad
tradicional frente a la historia; si no nos revela la caducidad, o en todo
caso el carácter secundario, de la individualidad humana en cuanto tal,
individualidad cuya espontaneidad creadora constituye, en último
análisis, la autenticidad y la irreversibilidad de la historia. En todo caso
es notable que por un lado la memoria popular se niegue a conservar los
elementos personales, “históricos”, de la biografía de un héroe, mientras
que por el otro las experiencias míticas superiores implican una
elevación última del Dios personal al Dios transpersonal. También sería
instructivo comparar desde ese punto de vista las concepciones de la
existencia después de la muerte, tal cual han sido elaboradas por las
diversas tradiciones. La transformación del difunto en “antepasado”
corresponde a la fusión del individuo en una categoría de arquetipo. En
numerosas tradiciones (en Grecia, por ejemplo) las almas de los muertos
ordinarios no tienen “memoria”, es decir, pierden lo que puede llamarse
su individualidad histórica. La transformación de los muertos en larvas,