Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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acompañada de gran estrépito, a través del pueblo: dicha expulsión
puede practicarse en la forma del despido ritual de un animal (tipo
“chivo emisario”) o de un hombre (tipo Mamurio Veturio) considerado
como el vehículo material gracias al cual las taras de toda la comunidad
son transportadas allende los límites del territorio habitado (el “chivo
emisario” era expulsado “al desierto” por los hebreos y los babilonios). A
menudo se intercalan combates ceremoniales entre dos grupos de
figurantes, u orgías colectivas, o procesiones de hombres enmascarados
(que representan las almas de los antepasados, los dioses, etcétera). En
numerosos lugares subsiste la creencia de que durante esas
manifestaciones las almas de los muertos se acercan a las habitaciones de
los vivos, que van respetuosamente a su encuentro y los colman de
homenajes durante unos días, tras lo cual las reconducen en procesión
hasta el límite del pueblo, o las echan. También en esa oportunidad se
celebran las ceremonias de iniciación de los jóvenes (de ello tenemos
pruebas precisas entre los japoneses, los indios hopi, en ciertos pueblos
indoeuropeos, etcétera; véase más adelante). Casi en todas partes, esa
expulsión de los demonios, de las enfermedades y de los pecados
coincide, o coincidió en cierta época, con la fiesta de Año Nuevo.
Ciertamente, es raro encontrar a la vez todos esos elementos
reunidos explícitamente; en ciertas sociedades predominan las
ceremonias de extinción y de reanimación del fuego; en otras, la
expulsión material (por medio de ruidos y de ademanes violentos) de los
demonios y de las enfermedades, y en otras, la expulsión del “chivo
emisario” en su forma animal o humana, etcétera. Pero la significación
de la ceremonia global, como la de cada uno de sus elementos
constitutivos, es suficientemente clara: cuando ocurre ese corte del
tiempo que es el “Año”, asistiendo no sólo al cese efectivo de cierto
intervalo temporal, sino también a la abolición del año pasado y del
tiempo transcurrido. Tal es, por lo demás, el sentido de las purificaciones
rituales; una combustión, una anulación de los pecados y de las faltas del
individuo y de la comunidad en su conjunto, y no una simple
“purificación”. La regeneración es, como lo indica su nombre, un nuevo
nacimiento. Los ejemplos citados en el capítulo precedente y sobre todo
los que ahora vamos a analizar, muestran claramente que esta expulsión
anual de los pecados, enfermedades y demonios es en realidad una
tentativa de restauración, aunque sea momentánea, del tiempo mítico y
primordial, del tiempo “puro”, el del “instante” de la Creación. Todo
Año Nuevo es volver a tomar el tiempo en su comienzo, es decir, una
repetición de la cosmogonía. Los combates rituales entre los dos grupos
de figurantes, la presencia de los muertos, las saturnales y las orgías, son