Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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otros tantos elementos que denotan, por razones que vamos a exponer,
que al fin del año y en la espera del Año Nuevo se repiten los momentos
míticos del pasaje del Caos a la Cosmogonía.
El ceremonial del Nuevo Año babilónico, el aki-tu, es bastante
concluyente a ese respecto. El akitu podría ser celebrado lo mismo en el
equinoccio de primavera, en el mes de Nisán, que en el equinoccio de
otoño, en el mes de Tishrit (derivado de Shurri, empezar”). Sobre la
antigüedad de ese ceremonial no puede caber duda alguna, aun cuando
las fechas de su celebración sean variables. Su ideología y su estructura
ritual existían ya en la época súmera,
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y H. Frankfort
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ha podido
identificar el sistema del akitu desde la época acadia. Esas presiones
cronológicas no están desprovistas de importancia; se trata de
documentos de la más antigua civilización “histórica”, en la cual el
soberano desempeñaba un papel considerable, puesto que se lo
consideraba hijo y vicario de la divinidad en la tierra; como tal, era
responsable de la regularidad de los ritmos de la Naturaleza y del buen
estado de la sociedad entera. No es, pues, extraño comprobar el papel
importante desempeñado por el rey en el ceremonial del Año Nuevo; al
él le incumbía la misión de regenerar el tiempo.
En el curso de la ceremonia akitu, que duraba doce días, se recitaba
solemnemente, y varías veces, el poema llamado de la Creación: Enuma
elish, en el templo de Marduk. Así se reactualizaba el combate entre
Marduk y el monstruo marino Tiamat, combate que se desarrolló in illo
tempore y que puso fin al Caos por la victoria final del dios. (Lo mismo
entre los hi-titas, donde el combate ejemplar entre el dios del huracán
Teshup y la serpiente Illuyankash era recitado y reactualizado dentro del
marco de la fiesta del Año Nuevo.
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Marduk creó el Cosmos con los
pedazos del cuerpo desmembrado de Tiamat y creó al hombre con la
sangre de Kingu, demonio al cual Tiamat había confiado las Tablas del
Destino.
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Tenemos la prueba de que esa conmemoración de la Creación
era efectivamente una reactualización del acto cosmogónico en los rituales
y en las fórmulas pronunciadas en el correr de la ceremonia. El combate
entre Tiamat y Marduk era imitado en una lucha entre dos grupos de
figurantes,
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ceremonial que se encuentra en los hititas siempre en el
cuadro del escenario dramático de Año Nuevo
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y entre los egipcios.
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La
lucha entre dos grupos de comparsas no conmemoraba sólo el conflicto
primordial entre Marduk y Tiamat; repetía, actualizaba, la cosmogonía, el
pasaje del Caos al Cosmos. El acontecimiento mítico estaba presente;
“¡que pueda seguir venciendo a Tiamat y acortar sus días!”, exclamaba el
oficiante. El combate, la victoria y la creación ocurrían en ese mismo
instante.