Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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“diluvio” que aniquila a toda la humanidad para preparar el camino al
advenimiento de una especie humana nueva y regenerada. Por lo demás,
en la tradición babilónica del Diluvio, tal cual la ha conservado la tablilla
xi de la Epopeya de Gilgamesh se recuerda que Uta-napishtim, antes de
embarcarse en la nave que había construido para huir del diluvio,
organizó una fiesta “como en el día de Año Nuevo (akitu)”. Volveremos
a encontrar ese elemento diluviano, a veces simplemente acuático, en
ciertas otras tradiciones. 2°, la creación del Mundo, que se efectúa, in illo
tempore, al principio del Año, también es reactualizada cada año. 3°, el
hombre participa directamente, aun cuando en medida reducida, en esa
obra cosmogónica (lucha entre los dos grupos de figurantes que
representan a Marduk y a Tiamat; “misterios” celebrados en esa
oportunidad, según la interpretación de Summern y Reitzenstein, pero
cf. también O. E. Briem, Les Sociétés secretes des mystéres, pág. 131); esa
participación, como hemos visto en el capítulo precedente, proyecta al
hombre al tiempo mítico, haciéndolo contemporáneo de la cosmogonía,
4°, la “fiesta de las Suertes” es también una fórmula de la creación, en la
que se decide la “suerte” de cada mes y de cada día. 5°, la hierogamia
realiza de manera concreta el “renacimiento” del mundo y del hombre.
La significación y los rituales del Nuevo Año babilónico tienen sus
semejantes en todo el mundo paleooriental. Hemos anotado algunas de
ellas al pasar, pero aún falta mucho para llenar la lista. En un estudio
notable, The semitic New Year and the origin of eschatology,
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que no ha
obtenido la repercusión que merecía, el sabio holandés A. J. Wensinck ha
puesto de manifiesto la simetría entre diversos sistemas mítico-
ceremoniales del Año Nuevo en todo el mundo semita; en cada uno de
esos sistemas reaparece la misma idea central del retorno anual al caos,
seguido de una nueva creación. Wensinck ha visto muy bien el carácter
cósmico de los rituales del Nuevo Año aunque hagamos reservas
respecto de su teoría del “origen” de esa concepción ritual-cosmogónica
que él quiere descubrir en el espectáculo periódico de la desaparición y
reaparición de la vegetación; de hecho, para los “primitivos”, la
Naturaleza es una hierofanía, y las “leyes de la naturaleza” son la
revelación del modo de existencia de la divinidad. Como garantía de que
el diluvio y, en general, el elemento acuático están de un modo u otro
presentes en el ritual del Nuevo Año, bastan las libaciones practicadas en
esa oportunidad y las relaciones entre ese ritual y las lluvias. “En el curso
del mes Tishri fue creado el mundo”, dice R. Eliécer; “en el curso del mes
Nisán”, afirma R. Josua. Ahora bien, ambos son meses pluviosos.”
Durante la fiesta de los Tabernáculos es cuando se decide la cantidad de
lluvia concedida al año próximo,
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es decir, cuando se determina la