Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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resurrección de la carne. Pronto volveremos sobre las relaciones entre las
ceremonias del Año Nuevo y el culto de los muertos. Pero observemos
ya que las creencias, casi universalmente difundidas, según las cuales los
muertos vuelven junto a sus familias (y a menudo vuelven como
“muertos-vivos”) en los alrededores del Año Nuevo (en los doce días
que separan Nochebuena de la Epifanía), denotan la esperanza de que en
ese momento mítico en que el mundo es aniquilado y creado, es posible
la abolición del tiempo. Entonces los muertos podrán volver, pues todas
las barreras entre muertos y vivos están rotas (¿acaso no es reactualizado
el caos primordial?) y volverán, puesto que en ese instante paradójico el
tiempo estará suspendido y por consiguiente podrán ser de nuevo
contemporáneos de los vivos. Por otro lado, como entonces está en
preparación una nueva Creación, les es dado esperar un retorno a la
vida, duradero y concreto.
Por esa razón en los casos en que se cree en la resurrección de la
carne se sabe que esa resurrección se producirá al comienzo del año, es
decir, al principio de una era nueva. Lehmann y Pedersen los
demostraron en cuanto a los pueblos semitas, en tanto que Wensinck” ha
recogido numerosos testimonios a través de la tradición cristiana. Por
ejemplo: “El Todopoderoso despierta los cuerpos al mismo tiempo que
las almas el día de la Epifanía”, etcétera.
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Un texto pehlvi traducido por
Darmesteter
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dice que: “Es en el mes Fravardin, el día Xurdath, cuando
el Señor Ormuz hará la resurrección y el ‘segundo cuerpo’ y cuando el
mundo será sustraído de la impotencia ante los demonios, los drugs,
etcétera. Y en todas partes habrá abundancia: no se desearán ya
alimentos: el mundo será puro, el hombre estará libre de la oposición
(del espíritu malo) y será inmortal para siempre jamás”. Qazwini por su
parte dice que, el día de Nauroz, Dios resucitó a los muertos “y les
devolvió el alma, y dio sus órdenes al cielo, que hizo caer una lluvia
sobre ellos, y por eso la gente tomó la costumbre de derramar agua ese
día”.
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Los lazos muy estrechos entre las ideas de creación por el agua
(cosmogonía acuática; diluvio que regenera periódicamente la vida
histórica; lluvia), el nacimiento y la resurrección, se hallan confirmados
por esta sentencia del Talmud: “Dios tiene tres llaves: la de la lluvia, la
del nacimiento, la de la resurrección de los muertos”.
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La repetición simbólica de la Creación dentro del marco de la fiesta
del Año Nuevo se conserva hasta nuestros días entre los mandeanos del
Irak y del Irán.
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Aun hoy, al principio del año, los tártaros de Persia
siembran una jarra llena de tierra; lo hacen —dicen— en recuerdo de la
Creación.
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La costumbre de sembrar granos en la época del equinoccio
de primavera (recordemos que el año comenzaba en marzo en