Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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(aparición del caballo, animal funerario por excelencia, en la última
noche del año; presencia de las divinidades chtónico-funerarias Hilda,
Perchta, “Wilde Heer”, etcétera, durante esas doce noches) y a menudo
(entre los alemanes y los japoneses) esa visita se produce en el cuadro del
ceremonial de las sociedades secretas de hombres (Höfler, passim, y A.
Slawik, estudio que se menciona más adelante); 3°, entonces es cuando
los fuegos se apagan y vuelven a encenderse;
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y por último, 4°, es el
momento de las iniciaciones, cuyos elementos esenciales están
constituidos precisamente por la extinción y la reanimación del fuego.
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En el mismo conjunto mítico-ceremonial de fin del año transcurrido y del
principio del Nuevo Año, aun hemos de dar lugar a los hechos
siguientes: 5°, luchas rituales entre dos grupos adversos,
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y 6°, presencia
de elemento erótico (persecución de doncellas, casamientos “gandhár-
vicos”, orgías).
Cada uno de esos temas mítico-rituales atestigua el carácter
totalmente excepcional de los días que preceden y siguen al primer día
del Año aun cuando la creación escatocosmológica del Año Nuevo
(abolición del tiempo transcurrido y repetición de la creación) no esté
explícitamente declarada, salvo en los ritos de prefiguración de los meses
y en la extinción del fuego. Sin embargo, se puede descubrir dicha
función como implícita en cada uno de los demás temas mítico-rituales.
¿Cómo la invasión de las almas de los muertos podría ser otra cosa que
el signo de una suspensión del tiempo profano, la realización paradójica
de una coexistencia “del pasado” y del “presente”? Esa coexistencia
nunca es tan total como en una época de “caos”, cuando todas las
modalidades coinciden. Los últimos días del año transcurrido pueden
ser identificados con el Caos anterior a la creación, por dicha invasión de
los muertos —que anula la ley del tiempo— y por los excesos sexuales
que señalan la mayor parte del tiempo esa ocasión. Pero si tras las
reformas sucesivas del calendario las saturnales no coincidían más, en
último término, con el fin y el principio del año, no por eso dejaron de
seguir señalando la abolición de todas las normas y de ilustrar
violentamente un trastrueque de los valores (cambio de condición entre
señores y esclavos, mujeres tratadas como cortesanas, etcétera.) y una
licencia general, una modalidad orgiástica de la sociedad, en una
palabra, una regresión de todas las formas en la unidad determinada. La
oportunidad misma de las orgías en los pueblos primitivos, de
preferencia en los momentos críticos de la cosecha (cuando se sepultaban
las semillas en la tierra), confirma dicha simetría entre la disolución de la
“forma” (en este caso las simientes) en la tierra y la de las “formas