Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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regenerarse periódicamente aboliendo el tiempo pasado y
reactualizando la cosmogonía. En cuanto a las sociedades “primitivas”
que aún viven en el paraíso de los arquetipos (para las cuales el tiempo
sólo está registrado biológicamente, sin que se le permita transformarse
en “historia”, es decir, sin que se le deje ejercer sobre la conciencia su
corrosiva acción consistente en la revelación de la irreversibilidad de los
acontecimientos), se regeneran periódicamente por la expulsión de los
“males” y la confesión de los pecados; hasta podríamos decir que ciertos
pueblos expresan los momentos cosmogónicos en términos vegetales. La
necesidad que esas sociedades sienten también de una regeneración
periódica es una prueba de que ellas tampoco pueden mantenerse sin
cesar en lo que anteriormente llamábamos el “paraíso de los arquetipos”,
y de que su memoria consigue hallar (mucho menos interesante, sin
duda, que la de un hombre moderno) la irreversibilidad de los
acontecimientos, es decir, registrar la “historia”. Así, pues, también para
esos pueblos primitivos la existencia del hombre en el Cosmos se
considera como una caída. La morfología inmensa y monótona de la
confesión de los pecados, magistral-mente estudiada por R. Pettazzoni
en La confessione dei peccati, nos muestra, que aun en las más simples
sociedades humanas, la memoria “histórica”, es decir, el recuerdo de
acontecimientos que no derivan de ningún arquetipo, el de los
acontecimientos “personales” (“pecados” en la mayor parte de los casos),
es insoportable. Sabemos que en el origen de la confesión de los pecados
se halla una concepción mágica de la eliminación de la falta por un
medio físico (sangre, palabra, etcétera). Pero lo que nos interesa no es el
procedimiento de la confesión en sí —es de estructura mágica— sino la
necesidad del hombre primitivo de librarse del recuerdo del “pecado”,
es decir, de una secuencia de acontecimientos “personales” cuyo
conjunto constituye la “historia”.
Está relacionada con ello la inmensa importancia adquirida por la
regeneración colectiva por medio de la repetición del acto cosmogónico
en los pueblos creadores de la historia. Podríamos recordar que, por
razones diferentes, claro está, pero también debido a la estructura
metafísica y antihistórica de la espiritualidad hindú, los hindúes no han
elaborado un escenario cosmológico de Año Nuevo de las proporciones
de los que se encuentran en el Cercano Oriente. También podríamos
recordar ahora que un pueblo histórico por excelencia, el pueblo romano,
vivió sin cesar con la obsesión del “fin de Roma” y buscó innumerables
sistemas de renovatio. Pero no quisiéramos, por el momento, llevar al
lector por esa vía. Nos contentaremos, pues, con recordar que fuera de
esas ceremonias periódicas de abolición de la “historia”, las sociedades