Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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estaciones... Luego, esas cinco partes de su cuerpo... que son las
estaciones, son igualmente los orientes; cinco orientes, cinco capas. Por
eso, cuando se apilan las capas, con los orientes se construye a Prajapati
que es el Año.”
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Así, con la construcción de cada nuevo altar védico, no
sólo se repite la cosmogonía y se reanima a Prajapati, sino que también
se construye el “Año”, es decir, se regenera el Tiempo “creándolo” de
nuevo.
El antropólogo inglés A. M. Hocart ha estudiado, en una obra
brillante y controvertida, Kingship, el ceremonial de la entronización del
rey en varios pueblos civilizados y “primitivos”, comparándolos con los
rituales de iniciación (que el autor considera como derivados del
escenario ritual real). Se sabe desde hace tiempo que la iniciación es un
“nuevo nacimiento” que comporta una muerte y una resurrección
rituales. Pero el mérito de Hocart está en haber identificado los
elementos de iniciación del ceremonial de la coronación, y de ahí el
haber establecido comparaciones sugestivas entre varios grupos de
rituales. También se notará con interés que en los fidjianos de la región
de los montes Viti Levu, la instalación del jefe se llama “creación del
mundo”, mientras que en las tribus del Oriente del Vanua Levu lleva el
nombre de mhuli vanua o tuli vanua, términos que Hocart traduce por
“fashioning the land” o “creating the earth” (págs. 189-190). El capítulo
precedente nos enseñó que la toma de posesión de un territorio equivale
para los escandinavos a una repetición de la Creación. Para los indígenas
de las islas Fidji, la “creación” acontece en cada entronización de un
nuevo jefe; idea que, por lo demás se ha conservado en otros lugares en
una forma más o menos aparente. En casi todas partes, un nuevo reinado
ha sido considerado como una regeneración de la historia del pueblo e
incluso de la historia universal. Con cada nuevo soberano, por más
insignificante que fuera, comenzaba una “era nueva”. A menudo se han
advertido adulaciones o artificios de estilo en dichas fórmulas. De hecho,
esas fórmulas nos parecen excepcionales sólo porque nos han sido
transmitidas con cierta solemnidad. Pero en la concepción primitiva, una
“era nueva” comienza no sólo con cada nuevo reinado, sino también con
la consumación de cada casamiento, el nacimiento de cada hijo, etcétera.
Pues el cosmos y el hombre son regenerados sin cesar y por todos los
medios, el pasado es consumido, los males y los pecados son eliminados,
etcétera. Diversos en sus fórmulas, todos esos instrumentos de
regeneración tienden hacia la misma meta: anular el tiempo
transcurrido, abolir la historia mediante un regreso continuo in illo
tempore, por la repetición del acto cosmogónico.