Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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humanidad regenerada nace, habitualmente de un “antepasado” mítico,
salvado de la catástrofe, o de un animal lunar. El análisis estratigráfico
de esos grupos de mitos pone de manifiesto su carácter lunar.
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Esto
significa que el ritmo lunar no sólo revela intervalos cortos (semana,
mes), sino que sirve también de arquetipo para duraciones
considerables; de hecho, el “nacimiento” de una humanidad, su
crecimiento, su decrepitud (su “desgaste”) y su desaparición son
asimilados al ciclo lunar. Y esta asimilación no es sólo importante porque
nos revela la estructura “lunar” del devenir universal, sino también por
sus consecuencias optimistas: pues así como la desaparición de la Luna
nunca es definitiva, puesto que necesariamente va seguida de una luna
nueva, la desaparición del hombre no lo es mucho más y especialmente
la desaparición incluso de toda una humanidad (diluvio, inundación,
sumersión de un continente, etcétera) nunca es total, pues una
humanidad renace de una pareja de sobrevivientes.
Esta concepción cíclica de la desaparición y de la reaparición de la
humanidad se ha conservado igualmente en las culturas históricas. En el
siglo iii a. de C. Beroso vulgarizaba en todo el mundo helénico —de
donde había de difundirse luego entre los romanos y los bizantinos— la
doctrina caldea del “Año Magno”. En ella se considera el Universo como
eterno, pero es aniquilado y reconstruido periódicamente cada “Año
Magno” (el correspondiente número de milenios varía de una a otra
escuela); cuando los siete planetas se reúnen en el signo de Cáncer
(“Invierno Grande”) se producirá un diluvio; cuando se encuentren en el
signo de Capricornio (es decir, en el solsticio de verano del “Año
Magno”) el Universo entero será consumido por el fuego. Es probable
que esta doctrina de conflagraciones universales periódicas fuese
igualmente compartida por Heráclito (por ejemplo, fragmento 26B=66
D). En todo caso domina el pensamiento de Zenón y toda la cosmología
estoica. El mito de la combustión universal (ekpyrosis) gozó de verdadero
crédito entre el siglo I a. de C. y el III d. de C. en todo el mundo romano-
oriental; pasando sucesivamente a formar parte de considerable número
de gnosis derivadas del sincretismo greco-iranio-judaico. Ideas similares
se encuentran en la India y en Irán (influidas sin duda —al menos en sus
fórmulas astronómicas— por Babilonia) y también entre los mayas del
Yucatán y los aztecas de México. Habremos de volver sobre estas
cuestiones, pero es conveniente destacar ya lo que anteriormente hemos
llamado su “carácter optimista”. De hecho, ese optimismo se limita a la
conciencia de la normalidad de la catástrofe cíclica, a la certeza de que
tiene un sentido y, sobre todo, de que jamás es definitiva.