Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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enfermedad, etcétera) han fracasado. Los pigmeos semang, en esa
ocasión, confiesan las faltas de que se creen culpables, costumbre que
vuelve a encontrarse esporádicamente en otras partes, donde igualmente
acompaña el último recurso para eludir un padecimiento.
Sin embargo, cada momento del tratamiento mágico-religioso del
“sufrimiento” ilustra con limpidez el sentido de este último: proviene de
la acción mágica de un enemigo, de una infracción a un tabú, del paso
por una zona nefasta, de la cólera de un dios o —cuando las demás
hipótesis resultan inoperantes— de la voluntad o del enojo del Ser
Supremo. El primitivo —y no sólo él, como al instante veremos— no
puede concebir un “sufrimiento”
*
no provocado; éste proviene de una
falta personal (si está convencido de que es una falta religiosa) o de la
maldad del vecino (caso que el brujo descubra que se trata de una acción
mágica), pero siempre hay una falta en la base; o por lo menos una causa,
identificada en la voluntad del Dios Supremo olvidado, a quien el hombre
se ve obligado a dirigirse en última instancia. En cada uno de los casos,
el “sufrimiento” se hace coherente y por consiguiente llevadero. El
primitivo lucha contra ese “sufrimiento” con todos los medios mágico-
religiosos a su alcance, pero lo soporta moralmente, porque no es absurdo.
El momento crítico del “sufrimiento” es aquel en que aparece; el
padecimiento sólo perturba en la medida en que su causa permanece
todavía ignorada. En cuanto el brujo o el sacerdote descubre la causa por
la cual los hijos o los animales mueren, la sequía se prolonga, las lluvias
arrecian, la casa desaparece, etcétera, el “sufrimiento” empieza a hacerse
soportable; tiene un sentido y una causa, y por consiguiente puede ser
incorporado a un sistema y explicado.
Lo que acabamos de decir del “primitivo” se aplica también en
buena parte al hombre de las culturas arcaicas. Ciertamente, los motivos
que sirven como justificación del sufrimiento y el dolor varían según los
pueblos, pero la justificación vuelve a encontrarse en todas partes. En
general puede decirse que el sufrimiento es considerado como la
consecuencia de un extravío con relación a la “norma”. Cae de su peso
que esa “norma” difiere de un pueblo a otro y de una civilización a otra.
Pero lo importante para nosotros es que el sufrimiento y el dolor no son
*
Precisemos una vez más que, desde el punto de vista de los
pueblos o de las clases ahistóricas, el "sufrimiento" equivale a la
"historia". Esta equivalencia puede verificarse aún en nuestros días en las
civilizaciones campesinas europeas.