Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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en parte alguna —en el cuadro de las civilizaciones arcaicas—
considerados como “ciegos” y desprovistos de sentido.
Así, los hindúes elaboraron tempranamente una concepción de la
causalidad universal, el karma, que explica los acontecimientos y
padecimientos actuales del individuo, y a un mismo tiempo explica la
necesidad de las transmigraciones. A la luz de la ley del karma, los
sufrimientos no sólo hallan un sentido, sino que adquieren también un
valor positivo. Los sufrimientos de la existencia actual no sólo son
merecidos —puesto que son el efecto fatal de los crímenes y de las faltas
cometidos en el curso de las existencias anteriores—, sino además
bienvenidos, pues sólo de ese modo es posible recordar y liquidar una
parte de la deuda kármica que pesa sobre el individuo y decide el ciclo
de sus existencias futuras. Según la concepción hindú, todo hombre nace
con una deuda, pero con la libertad de contraer otras nuevas. Su
existencia forma una larga serie de pagos y préstamos cuya contabilidad
no siempre es aparente. El que no está totalmente desprovisto de
inteligencia puede sobrellevar con serenidad los sufrimientos, los
dolores, los golpes que recibe, las injusticias de que se le hace objeto,
etcétera, porque por cada una de ellas resuelve una ecuación kármica
que en el curso de una existencia anterior quedó sin solución.
Evidentemente, la especulación hindú buscó y descubrió muy pronto
medios por los cuales el hombre puede librarse de la cadena sin fin,
causa-efecto-causa, etcétera, regida por la ley kármica. Pero semejantes
soluciones no invalidan en nada el sentido de los sufrimientos; al
contrario, lo refuerzan. Lo mismo que el yoga, el budismo parte del
principio de que la existencia entera es dolor, y ofrece la posibilidad de
superar de manera definitiva y concreta la sucesión ininterrumpida de
sufrimientos en que se resuelve toda existencia humana en último
análisis. Pero el budismo, como el yoga y como cualquier otro método
hindú de conquista de la libertad, no pone en duda un solo instante la
“normalidad” del dolor. Para el Vedanta el sufrimiento sólo es “ilusorio”
en la medida en que lo es el Universo entero; ni la experiencia humana
del dolor ni el Universo, son realidades en el sentido ontológico del
término. Fuera de la excepción constituida por las escuelas materialistas
Lokayata y Charvaka —para las cuales no existe ni “alma” ni “Dios”, y
que consideran que rehuir el dolor y buscar el placer es el único fin
sensato que pueda proponerse el hombre—, toda la India concede a los
sufrimientos, sea cual fuere su naturaleza (cósmicos, psicológicos o
históricos), un sentido y una función bien determinados. El karma
garantiza que todo cuanto se produce en el mundo ocurre de
conformidad con la ley inmutable de la causa y del efecto.