Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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historia mediante los recursos de ignorarla y soportarla antes que
concederle la significación de una teofanía “negativa” o “positiva”.
*
La aceptación y la valoración de la historia por las élites judaicas no
significa, sin embargo, que la actitud tradicional, que hemos examinado
en el capítulo precedente, esté superada. Las creencias mesiánicas en una
regeneración final del mundo denotan igualmente una actitud
antihistórica. Como ya no puede ignorar o abolir periódicamente la
historia, el hebreo la soporta con la esperanza de que cesará definitivamente
en un momento más o menos lejano. La irreversibilidad de los
acontecimientos históricos y del tiempo es compensada por la limitación
de la historia en el tiempo. En el horizonte espiritual mesiánico, la
resistencia a la historia aparece como más firme que en el horizonte
tradicional de los arquetipos y de las repeticiones; si aquí la historia era
rechazada, ignorada o abolida por la repetición periódica de la Creación
y por la regeneración periódica del tiempo, en la concepción mesiánica la
historia debe ser soportada porque tiene una función escatológica, pero
sólo puede ser soportada porque se sabe que algún día cesará. La historia
es así abolida, no por la conciencia de vivir un eterno presente
(coincidencia con el instante atemporal de la revelación de los
arquetipos), ni por medio de un ritual periódicamente repetido (por
ejemplo los ritos del principio del año, etcétera), sino abolida en el futuro.
La regeneración periódica de la Creación es reemplazada por una
regeneración única que ocurrirá en un in illo tempore por venir. Pero la
voluntad de poner fin a la historia de manera definitiva es, al igual que
las otras concepciones tradicionales, una actitud antihistórica.
LOS CICLOS CÓSMICOS Y LA HISTORIA
La significación adquirida por la “historia” en el cuadro de las
diversas civilizaciones arcaicas no se nos revela en ninguna parte con
más claridad que en las teorías del “Gran Tiempo”, es decir, de los
grandes ciclos cósmicos, que hemos señalado al pasar en el capítulo
precedente. Debemos volver sobre ello, porque es ahí donde se precisan
por primera vez dos orientaciones distintas: una tradicional, presentida
*
Esto no implica la no religiosidad de dichas poblaciones (que en su
mayor parte son de estructura agraria), sino solamente la revaloración
"tradicional" (arquetípica) que han concedido a la experiencia cristiana.