Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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motivo en los apocalipsis iranios y cristianos.) Sin embargo, para el
budismo, como para toda la especulación hindú, el tiempo es ilimitado; y
el Boddhisattva se encarnará in aeternum, para anunciar la buena nueva
de la salvación de todos los seres. La única posibilidad de salir del
tiempo, de romper el círculo de hierro de las existencias, es la abolición
de la condición humana y la conquista del Nirvana.
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Además, todos
esos “incalculables” y todos esos eones sin número tienen también una
función soteriológica; la simple contemplación del panorama de éstos
aterroriza al hombre y lo obliga a considerar que ha de empezar miles de
veces esa misma existencia evanescente y soportar los mismos
padecimientos sin fin, lo cual tiene por objeto exacerbar su voluntad de
evasión, es decir, incitarlo a trascender definitivamente su condición de
“existente”. Las especulaciones hindúes sobre el tiempo cíclico ponen
suficientemente de manifiesto el “rechazo de la historia”. Subrayemos,
sin embargo, una diferencia fundamental entre ellas y las concepciones
arcaicas; en tanto que el hombre de las culturas tradicionales rechaza la
historia mediante la abolición periódica de la creación, reviviendo de ese
modo sin cesar, en el instante atemporal de los comienzos, el espíritu
hindú, en sus tensiones supremas, desprecia y rehusa esa misma
reactualización del tiempo auroral, al que ya no considera como una
solución eficaz del problema del sufrimiento. La diferencia entre la
visión védica (por consiguiente, arcaica y “primitiva”) y la visión
mahayánica del ciclo cósmico es, empleando una fórmula sumaria, la
misma que distingue la posición antropológica arquetípica (tradicional)
de la posición existencialista (histórica). El karma, ley de la causalidad
universal, que, al justificar la condición humana y al explicar la
experiencia histórica, podía ser generador de consuelo para la conciencia
hindú prebudista, se convierte con el tiempo en el símbolo mismo de la
“esclavitud” del hombre. Por eso, en la medida en que se proponen la
liberación del hombre, todas las metafísicas y todas las técnicas hindúes
buscan la aniquilación del karma. Pero si las doctrinas de los ciclos
cósmicos sólo hubieran sido una ilustración de la teoría de la causalidad
universal, nos hubiéramos eximido de mencionarla en este contexto. La
concepción de los yuga aporta de hecho un elemento nuevo: la
explicación (y, por lo tanto, la justificación) de las catástrofes históricas,
de la decadencia progresiva de la biología, de la sociología, de la ética y
de la espiritualidad humana. El tiempo, por el mero hecho de ser duración,
agrava continuamente la condición cósmica e implícitamente la condición
humana. Por el simple hecho de vivir actualmente en el kaliyuga, o sea en
una “edad de tinieblas”, que progresa bajo el signo de la disgregación y
ha de terminar en una catástrofe, nuestro destino es sufrir más que los