Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
76
las fuertes tensiones históricas provocadas por Alejandro y que terminan
sólo con la caída de Roma. Pero los mitos filosóficos y las cosmologías
más o menos científicas elaboradas por aquella minoría que comienza
con los presocráticos logran con el tiempo inmensa difusión. Lo que en el
siglo v a. de C. era una gnosis difícilmente accesible se transforma,
cuatro siglos después, en una doctrina que consuela a centenares de
miles de hombres (como ocurre, por ejemplo, con el neopitagorismo y el
neoestoicismo en el mundo romano).
Todas esas doctrinas griegas y grecoorientales “fundadas en el mito
de los ciclos cósmicos” nos interesan evidentemente por el “éxito” que
obtuvieron después y no por su mérito intrínseco.
Ese mito era todavía claramente perceptible en las primeras
especulaciones presocráticas. Anaximandro sabe que todas las cosas
nacieron del apeiron y a él volverán. Empédocles explica por la
supremacía alternante de los dos principios opuestos, philia y neikos, las
eternas creaciones y destrucciones del Cosmos (ciclo en que se pueden
distinguir cuatro fases” algo análogas a los cuatro “incalculables” de la
doctrina budista). Ya hemos visto que la conflagración universal es
aceptada también por Heráclito. En cuanto al “eterno retorno” —la
recuperación periódica de la existencia anterior por todos los seres— es
uno de los pocos dogmas de los que sabemos con certeza que
pertenecían al pitagorismo primitivo.
12
En fin, según investigaciones
recientes, admirablemente aprovechadas y sintetizadas por J. Bidez,
*
parece cada vez más probable que por lo menos ciertos elementos del
sistema platónico son de origen iranio-babilónico.
Volveremos sobre esas eventuales influencias orientales. Por el
momento detengámonos en la interpretación dada por Platón al mito del
retorno cíclico, especialmente en el texto fundamental, la Política, 269, c y
sig., Platón identifica la causa de la regresión y de las catástrofes
cósmicas en un doble movimiento del Universo: “...En este Universo, que
es el nuestro, ora la Divinidad guía el conjunto de su revolución circular,
ora lo abandona a sí mismo, una vez que las revoluciones han alcanzado
en duración la medida que conviene a este universo; y empieza de nuevo
a dar vueltas en sentido opuesto al de su propio movimiento...”. El
cambio de dirección va acompañado por gigantescos cataclismos: “las
*
Eos ou
Platón et l'Orient (Bruselas, 1945), donde se tienen en cuenta
en particular las investigaciones de Boll, Bezold, W. Gundel, W. Jäger, A.
Götze, J. Stenzel y aun interpretaciones a veces muy controvertidas de
Reitzenstem.