Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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origen caldeo”. Por otro lado, Platón parece haber tenido igualmente
conocimiento de la concepción irania según la cual esas catástrofes
tienen por finalidad la purificación del género humano.
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Los estoicos volvieron a tomar por su cuenta las especulaciones
referentes a los ciclos cósmicos, insistiendo, ya en la eterna repetición
(por ejemplo, Crispió, frg. 623-627), ya en el cataclismo, ekpyrosis, con el
cual terminan los ciclos cósmicos (ya en Zenón, frg. 98 y 109, Von
Armin). Inspirándose en Heráclito, o directamente en la gnosis oriental,
el estoicismo vulgariza todas esas ideas relacionadas con el “Año
Magno” y con el fuego cósmico (ekpyrosis) que pone fin periódicamente
al universo para renovarlo. Con el tiempo, los motivos del “eterno
retorno” y el “fin del mundo” acaban por dominar toda la cultura
grecorromana. La renovación periódica del mundo (metácosmesis) era,
por lo demás, una doctrina favorita del neopitagorismo, el cual, como lo
ha mostrado]. Carcopino, compartía con el estoicismo los sufragios de la
totalidad de la sociedad romana de los siglos II y I a. de C. Pero la
adhesión al mito de la “eterna repetición”, y al de la apocatástasis (el
término penetra en el mundo helénico después de Alejandro Magno),
son dos posiciones filosóficas que dejan entrever una actitud
antihistórica muy firme, así como una voluntad de defensa contra la
historia. Nos detendremos en cada una de ellas.
En el capítulo precedente observábamos que el mito de la repetición
eterna, tal cual fue reinterpretado por la especulación griega, tiene el
sentido de una suprema tentativa de “estatización” del devenir, de
anulación de la irreversibilidad del tiempo. Al repetirse los momentos y
todas las situaciones del Cosmos hasta lo infinito, su evanescencia
resulta en último análisis aparente; en la perspectiva de lo infinito, cada
momento y cada situación permanecen en su lugar y adquieren así el
régimen ontológico del arquetipo. De modo que, entre todas las formas
de devenir, el devenir histórico también está saturado de ser. Desde el
punto de vista de la eterna repetición, los acontecimientos históricos se
transforman en categorías y así vuelven a encontrar el régimen ontológico
que poseían en el horizonte de la espiritualidad arcaica. En cierto
sentido, hasta puede decirse que la teoría griega del eterno retorno es la
variante última del mito arcaico de la repetición de un gesto arquetípico,
así como la doctrina platónica de las ideas era la última versión de la
concepción del arquetipo, y la más elaborada. Y vale la pena observar
que ambas doctrinas encontraron su más acabada expresión en el apogeo
del pensamiento filosófico griego.
Pero es sobre todo el mito de la conflagración universal el que
obtuvo considerable éxito en todo el mundo grecooriental. Parece cada