Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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vez más probable que el mito de un fin del mundo por el fuego, del que
los buenos saldrán indemnes, es de origen iranio,
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por lo menos en la
forma conocida por los “magos occidentales”, quienes, como lo mostró
Cumont,
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lo difundieron en Occidente. El estoicismo, los Oráculos
sibilinos (por ejemplo, II, 253) y la literatura judeo-cristiana hacen de ese
mito la base misma de su apocalipsis y de su escatología. Por curioso que
parezca, ese mito era reconfortante. En efecto, el fuego renueva al
mundo; por él será restaurado un “mundo nuevo, sustraído a la vejez, a
la muerte, a la descomposición y a la podredumbre, que viva
eternamente, que crezca eternamente, mientras que los muertos se
levantarán, la inmortalidad llegará a los vivientes y el mundo se
renovará a pedir de boca”
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Se trata por consiguiente de una apocatástasis
de la cual nada tienen que temer los buenos. La catástrofe final pondrá
término a la historia, y reintegrará por lo tanto al hombre a la eternidad y
la beatitud.
Las investigaciones recientes de F. Cumont y H. S. Nyberg
*
han
conseguido aclarar algo la oscuridad en que estaba envuelta la
escatología irania y a precisar las influencias sobre el apocalipsis
judeocristiano. Como la India (y, en cierto sentido, Grecia), Irán conocía
el mito de las cuatro edades cósmicas. Un texto mazdeano perdido, el
Sudkar-nask (cuyo contenido ha sido conservado en Dinkart, ix, 8)
hablaba de cuatro edades: de oro, de plata, de acero, y de “mezclado de
hierro”. Los mismos metales están mencionados al comienzo del Babman-
yasht (i, 3), el cual describe sin embargo, algo más adelante (ii, 14), un
árbol cósmico de siete ramas (de oro, de plata, de bronce, de cobre, de
estaño, de acero y de una “mezcla de hierro”), que responde a la
séptuple historia mítica de los persas.
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Esa hebdómada cósmica se
constituyó sin duda en relación con las doctrinas astrológicas caldeas,
“dominando” cada planeta un milenio. Pero el mazdeísmo había
propuesto mucho antes una duración de 9.000 años (3 x 3.000) para el
Universo, mientras que el zarvamsmo, como lo ha mostrado Nyberg,
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llevó el límite máximo de la duración de ese Universo a 12.000 años. En
ambos sistemas iranios —como también en todas las doctrinas de los
ciclos cósmicos— el mundo acabará por el fuego y el agua, per pyrosim et
cataclysmum, como más tarde escribirá Fírmico Materno (iii, 1). No es
menester que abordemos aquí los problemas que plantea el hecho de que
en el sistema zervanita el “tiempo ilimitado”, srvan akarana, preceda y
*
Véase también Scheftelowitz, Die Zeit als Schicksalsgottheit; R. C.
Zachner, Zurvanica; H. H. Schaeder, Der Iranische Zeitgott.