Mircea Eliade
El mito del eterno retorno
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siga a los 12.000 años del “tiempo limitado” creado por Ormuzd: el de
que en ese sistema “el Tiempo sea más poderoso que las dos
Creaciones”,
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es decir, que las creaciones de Ormuzd y Ahriman; y el de
que, por consiguiente, Zrvan akarana no fuera creado por Ormuzd y por
lo tanto no le esté subordinado. Lo que queremos subrayar es que en la
concepción irania, vaya o no seguida del tiempo infinito, la historia no es
eterna; no se repite, pero terminará un día por una ekpyrosis y un
cataclismo escatológicos. Pues la catástrofe final que pondrá término a la
historia será al mismo tiempo un juicio de dicha historia. Será entonces
—in illo tempore— cuando todos habrán de responder por todo lo que
hubieren hecho “en la historia”, y sólo aquellos que no sean culpables
conocerán la beatitud y la eternidad. (El simbolismo oriental y
judeocristiano del pasaje a través del fuego ha sido recientemente
estudiado por Carl Martin Edsman en Le Baptéme de feu, Upsala, 1940).
Windisch ha expuesto la importancia que esas ideas mazdeanas
tuvieron para el apologista cristiano Lactancio.
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El mundo fue creado
por Dios en seis días, y el séptimo descansó; por ese hecho el mundo
durará seis eones, durante los cuales “el mal vencerá y triunfará” en la
tierra. En el curso del séptimo milenio el príncipe de los demonios será
encadenado y la humanidad conocerá mil años de reposo y de justicia
perfecta. Tras lo cual el demonio se escapará de sus cadenas y volverá a
la guerra contra los justos; pero al cabo será vencido y al final del octavo
milenio el mundo será creado para la eternidad. Evidentemente, esa
división de la historia en tres actos y en ocho milenios era también
conocida por los chiliastas cristianos
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pero no puede dudarse de su
estructura irania, aun cuando semejante visión escatológica de la historia
haya sido difundida en todo el oriente mediterráneo y en el imperio
romano por las gnosis grecoorientales.
Una sucesión de calamidades anunciará la proximidad del fin del
mundo, y la primera de ellas será la caída de Roma y la destrucción del
Imperio Romano: previsión frecuente en el apocalipsis judeocristiano,
pero que también era conocida por los iranios.
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El síndrome apocalíptico
es, por lo demás, común a todas esas tradiciones. Tanto Lactancio como
el Bah-manyasht anuncian que el “año será acortado, el mes disminuirá y
el día se contraerá”
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visión del deterioro cósmico y humano que también
hemos encontrado en la India (donde la vida humana pasa de 80.000
años a 100) y que las doctrinas astrológicas han hecho popularen el
mundo grecooriental. Entonces las montañas se derrumbarán y la tierra
quedará llana, los hombres desearán la muerte y envidiarán a los
muertos, y sólo sobrevivirá un décimo de ellos. “Es un tiempo —escribe
Lactancio—
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en que la justicia será negada y la inocencia odiosa, en que